Macri derrocha capital

Lunes, 5 Febrero, 2018
Autor: 
Eduardo van der Kooy
Fuente: 
Clarín

Mauricio Macri no ha cerrado el conflicto que abrió Jorge Triaca. Esas situaciones nunca se superan con palabras. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, comunicó que el asunto estaba terminado después de la exposición y el pedido de disculpas ante sus pares del ministro de Trabajo. Para pretender cerrarlo a cal y canto el Presidente recurrió a otras acciones que podrían convertirse en trastornos adicionales. Con un decreto prohibió la presencia de familiares de funcionarios en el poder. Con otro dispuso para este 2018 un congelamiento salarial en el Poder Ejecutivo. La jugada avivó fantasmas e intranquilidades en el interior de Cambiemos.

La permanencia del pleito con el ministro de Trabajo está a la vista. Fue el primero en barrer a sus familiares. Cuatro por ahora. Pero el episodio con su ex empleada doméstica retorna con la tenacidad de una marea. La familia Triaca avisó que había llegado a un acuerdo indemnizatorio con ella. Pero Sandra Heredia –así se llama—reclama ahora un pago extra que ronda los $ 4 millones. Puede ser, como supone el ministro, que esas maniobras estén espoleadas por sectores sindicales que enfrentan al Gobierno. Pero ocurren. Lo colocan junto al Gobierno en una situación de incomodidad. Esta semana empezará a desperezarse el Congreso. ¿Cuánto demorará la oposición en agitar aquel conflicto? ¿Cómo hará Macri para que no se filtre cuando el primer día de marzo inaugure con un mensaje las sesiones ordinarias?

Nadie duda de la eficacia de Triaca en su sillón. Tampoco de la necesidad de su presencia en una instancia en que despunta uno de los retos más serios que afronta Macri: la disputa con el sistema sindical. O, al menos, con una parte poderosa de ese sistema. Sin padecer las desventuras que golpearon a Raúl Alfonsín o a Fernando de la Rúa. Un karma para los mandatarios de signo no peronista. Pero Triaca ayudó para que en la coyuntura exista un escenario distinto al de los tiempos pasados. La maquinaria gremial está dividida. Como el propio peronismo.

La lucha declarada al nepotismo desnudó también una paradoja. Había en el Gobierno muchísimos más familiares de funcionarios de lo que sabía el común de los argentinos. La sociedad completa está ya anoticiada. El desguace no resultará sencillo y dejará secuelas. Por lo pronto, ningún gobernador, incluso los propios de Cambiemos, se dio por enterado. Tampoco la casi absoluta mayoría de los intendentes del Conurbano pese a que María Eugenia Vidal, la gobernadora, fue junto a Horacio Rodríguez Larreta los que salieron enseguida a bancar la parada. Los cambios de paradigmas culturales, una agradable muletilla oficialista, nunca podrán consumarse por el simple imperio de un decreto.

La decisión mostró otro costado controversial. Que hace al fondo del debate sobre la conveniencia de ampliar las bases sociales para la participación y el compromiso político. Además, para la mejora del funcionamiento de un Estado agigantado –en lo que el kirchnerismo tuvo mucho que ver—y en promedio altamente ineficaz. El congelamiento salarial acentuaría la brecha entre el PEN y los gobiernos provinciales. Buenos Aires es un caso. Los cargos públicos serían más accesibles para aquellos que, a priori, son poseedores de un confort económico. Un ministro nacional disparó, a propósito, un comentario sarcástico. “No todos somos como Dujovne (Nicolás), Aranguren (Juan José) o Etchevehere (Luis)”, ejemplificó.

El mar de fondo en Cambiemos parece indisimulable. Sigue el silencio de Elisa Carrió y los radicales sobre aquellas determinaciones de Macri. El receso político ayuda. Pero llega a su fin. El martes deliberará la Comisión Bicameral de los DNU. La oposición se alista para empezar a jaquear al Gobierno con los problemas que arrastra. Sucede algo más. El Poder Ejecutivo desearía que el plan contra el nepotismo se aplique también en el Congreso. Emilio Monzó, el titular de la Cámara de Diputados, y Gabriela Michetti, a cargo del Senado, consideran imposible la misión. Sin que vuelen por el aire hilvanes tejidos estos años con la oposición que le permitieron al Gobierno sancionar leyes complejas.

La dureza del Gobierno, en esta instancia, resulta difícil de ser entendida. Sus mejores momentos fueron el producto de otra actitud. Es probable que esté intentando retomar una iniciativa que quedó dañada después de aquella sanción en diciembre de la ley de reforma previsional. Desde entonces no hizo nada para revertir la situación. Macri dijo la semana pasada, delante de sus ministros, que el capital político está para gastar. Refería a la notable acumulación conseguida en las legislativas de octubre. Pero una cosa sería el gasto y otra el derroche. El Gobierno oscila entre el deseo de aprobar en la Comisión Bicameral el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que modifica 129 leyes y deroga 9 que hacen al funcionamiento del Estado, o la posibilidad de mutar esa herramienta en proyectos parciales que permitan una discusión abierta con la oposición. Esta alternativa alejaría el peligroso juego de todo o nada.

Habría señales contradictorias. La idea de la imposición encenderá el fuego en la Bicameral. Y podría disponer mal a Diputados y el Senado. Donde necesita no ser rechazado al menos por una de las Cámaras. El kirchnerismo aguarda agazapado. Cambiemos está de todos modos en aptitud de aprobar el DNU porque Monzó logró que el oficialismo se quedara con la mitad de los 16 miembros de la Comisión. En caso de igualdad desempata su titular. Es el radical formoseño Luis Naidenoff.

Mario Quintana, uno de los ministros coordinadores, dijo haber hecho consultas con Carrió. Le envió el mamotreto a Miguel Angel Pichetto. Aunque no hubo intercambio con el jefe de senadores del FpV. Según aquel ministro, no existirían obstáculos de fuste. Fernando Sánchez, la pieza nueva de Peña, pidió a los legisladores que hagan una firme defensa del mega DNU. Pero en el Congreso el clima es diferente. Pichetto viene conversando con Mario Negri, jefe del interbloque de Cambiemos en Diputados, sobre una salida acordada. Para que no se reedite diciembre. Nicolás Massot, jefe del bloque del PRO, propuso convertir en varias leyes el DNU. Cambiemos también olvida cosas para su defensa. En forma sistemática Cristina Fernández amplió cada año, con los DNU de Carlos Zannini, las partidas del Presupuesto una vez que había sido sancionado. Dispuso de una facilidad de fondos asombrosa.

Ciertas inconsistencias y vaivenes del Gobierno explican el declive de su imagen y popularidad. Sobre todo entre votantes que le renovaron la confianza en octubre. Pero Macri cree tener a mano una fórmula de compensación. Para esos indignados o desencantados. Es su disposición a no transigir con el sindicalismo que se propone desafiarlo. Los íconos son Hugo y Pablo Moyano. Que están organizando la marcha de protesta del jueves 22.

Para intentar recuperar parte del capital que ha venido perdiendo, Macri estaría escarbando en la estrategia que alguna vez urdió Néstor Kirchner. Llegó al poder con apenas el 22% de los votos y en pocos años consiguió multiplicarlo. ¿En qué consistiría? En cotejar con el pasado. El ex presidente reflotó a los militares y la tragedia de la dictadura. Tomó a Carlos Menem y De la Rúa como símbolos de lo que nunca debía repetirse. El presidente supone que un símil podría producirse con el clan Moyano. Esa imagen se expandiría sobre otros sectores también resistidos: varios dirigentes sindicales y el kirchnerismo, que aún no halló una manera de maquillarse.

Para el enfrentamiento cuenta con un hándicap del que carecieron sus antecesores no peronistas. No puede decirse que Macri dispone de una pata gremial que le responde. Pero al menos ha logrado colocar a los Moyano en dificultades. El líder camionero sufre las deserciones de los viejos gordos cegetistas, de independientes (UPCN y UOCRA) y hasta de gremios vitales para cualquier protesta, como los ferroviarios y la UTA. Tal partición tiene explicaciones de ahora y de antes. Moyano hizo de los camioneros la organización sindical más poderosa del país en desmedro de otros sindicatos. Con el aval explícito de Kirchner. Se podría estar asistiendo a un pase de facturas en el planeta gremial.

Pesa mucho, por otra parte, el contexto judicial. Moyano empezó a endurecer su postura frente a Macri a partir de las denuncias que comenzaron a cercarlo. Casi todas poseen un hilo conductor en los ámbitos donde se desempeña: sus empresas (OCA), el club Independiente y la obra social de los camioneros. Penden sospechas sobre lavado de dinero, en cuya operatoria tendría un papel preponderante su mujer, Liliana Zulet. Una de las causas más densas, la de la mafia de los medicamentos, es sustanciada por Claudio Bodadio. El mismo juez que tiene a Cristina en situación apremiante. ¿Está actuando con Moyano con la misma celeridad que lo hace con la ex presidenta? Daría la impresión de que no.

El conflicto con Moyano se desarrolla en un trance delicado. El Gobierno requiere la reforma laboral, para bajar costos productivos, que el líder camionero boicotea. También pretende evitar desbandes en las discusiones paritarias, posadas sobre una plataforma controvertida. Un aumento que respete, con más y con menos, la meta del 15 por ciento de inflación. Sin la apelación, en lo posible, a la cláusula gatillo. Extremadamente complicado con el presente arranque inflacionario y los aumentos de tarifas.

El año político y social va cobrando temperatura de manera rauda. La vida pública navega en una zona de visible incertidumbre.