Macri, capítulo dos

Domingo, 10 Junio, 2018
Autor: 
Eduardo van der Kooy
Fuente: 
Clarín

No podrá decirse que Mauricio Macri inicia otro mandato. Sería exagerado. Sí puede afirmarse que le aguarda un año y medio de gestión hasta las elecciones del 2019 totalmente diferente al tiempo que antecedió. El acuerdo con el FMI y su asistencia millonaria le concede un anclaje que, se supone, disipará las dudas de los mercados que lo empujaron a la crisis. Le otorga además un espaldarazo político internacional. Pero la tarea presidencial deberá centrarse en la reconciliación con amplios sectores de la sociedad que, en pocas semanas, se sumergieron en el temor y el desencanto. Sólo esa reconstrucción le permitirá soñar con la reelección.

La ingeniería no resultará sencilla por dos razones. El FMI naturalmente –más allá del aval político-- ha impuesto una serie de condiciones que significan un ajuste duro en las cuentas públicas. Adiós al gradualismo. Casi en el mismo momento en que la sociedad comenzaba a percibir ese gradualismo como un exceso. Quedó reflejado en el largo debate por el aumento de las tarifas que Macri pudo sostener gracias a la imposición del veto. Pero había sido derrotado en Diputados y el Senado con un proyecto que proponía retrotraer los valores a diciembre del 2017. Con un peso fiscal insoportable y a contramano del nuevo escenario que se abre con el acuerdo con el FMI.

En suma, Macri, en esta especie del capítulo dos de su primer período, está obligado a afrontar un par de desafíos de enorme dimensión. Ahondar en una batalla cultural que Cambiemos decía estar dando. Pero que, por lo visto, no arrojó los resultados que sus dirigentes pregonaban. La sociedad no ha terminado de entender la profundidad de la crisis que transita la Argentina. Tal vez, porque la conveniencia política miope del Gobierno ayudó a mantenerla oculta. También, porque en el imaginario colectivo las crisis únicamente parecieran asociadas a los derrumbes. Como sucedió en el 2001.

Nada de eso será posible, además, sin otros condimentos. El Presidente requerirá de una plataforma política sólida para gestionar el compromiso con el FMI. El propio organismo refirió a la importancia de un “fuerte compromiso político”. La primera solidez deberá aflorar de Cambiemos. La otra, devendría de un pacto básico y acotado en el calendario –por la competencia electoral—con los sectores de la oposición que se muestran proclives a cooperar. A la vista está la discusión de la ley de Presupuesto del 2019. El primer examen que el FMI se encargará de monitorear. Donde se acumula la mayor porción del ajuste. Que impactará en la obra pública, los sueldos del Estado y los giros a las provincias.

El Gobierno tiene ahora muchos frentes abiertos. Parece no contar con herramientas para atenderlos al mismo tiempo. Quizás debería comenzar por poner la casa en orden. El problema menor serían los socios radicales, comprensivos de la delicada situación. Elisa Carrió también es bien consciente pero no logra reprimir algunos reflejos personales. La Corte Suprema sigue inquieta por su presión contra Ricardo Lorenzetti, el jefe. Ocurrió la semana pasada que la Sala III de la Cámara de Seguridad Social falló en contra del nuevo mecanismo para calcular los ajustes previsionales que rigen desde marzo. La famosa fórmula de la reforma previsional que desató en diciembre la batahola en el Congreso. El último incremento a los jubilados fue de 5,71%. La Cámara ordenó que debe ser del 14.5%. Podría haber en juego $ 90 mil millones del Presupuesto. Ese pleito va a terminar aterrizando en la Corte.

De modo simultáneo, la diputada de la Coalición, Paula Oliveto, introdujo tres denuncias en la Bicameral Mixta para ser giradas a la Auditoría General de la Nación. La entidad es presidida, como corresponde, por el opositor peronista no K, Oscar Lamberto. Los pedidos son contra el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social); la Superintendencia de Servicios de Salud y el Hospital Posadas. No podría objetarse la acción de la diputada. Alarma, en cambio, cómo el Gobierno va detrás de esos acontecimientos.

Los adelantados del oficialismo no suelen abundar. Uno sería Jorge Triaca. Ahora se entienden los motivos por los cuales Macri lo sostuvo en su cargo luego del escándalo que lo envolvió en diciembre. El ministro de Trabajo olfateó hace semanas la lenta convergencia del triunviro de la CGT una vez que hubo constancia de la disparada inflacionaria. Preparó un plan de contingencia con un aumento extra de 5% en los salarios –al margen de la revisión de paritarias en septiembre—para intentar contener la posibilidad de una huelga general. Contó con la colaboración de otro funcionario que parece darle músculo a su cargo formal de superministro coordinador. Se trata de Nicolás Dujovne, el titular de Hacienda. Selló los trazos centrales del acuerdo con el FMI. Tendrá el timón oficial para que se vayan cumpliendo.

En el campo sindical y social las líneas se entrecruzan. A veces representan un jeroglífico. Simbolizan el nivel de desgajamiento que invade al sistema institucional y político. Los cegetistas no desean quedar en sus reclamos a la cola de la ofensiva de Hugo Moyano. El camionero prepoteó la semana pasada con una virtual ocupación de la Ciudad. También huyen de cualquier asociación pública con él. El líder camionero enreda su reclamo por la paritaria del gremio con los problemas que lo aquejan en la Justicia. Resulta poco ducho con el manejo del lenguaje. Retó al Gobierno, al decir que “si me quieren meter en cana, que vengan”. Hizo memorar a Leopoldo Galtieri cuando después de la reconquista de las Malvinas toreó a Gran Bretaña desde los balcones de la Casa Rosada. Todos conocen cómo culminó esa historia.

Tampoco Moyano actúa en soledad. El Gobierno toma nota. El lunes pasado el canciller de la Academia Pontificia, Marcelo Sánchez Sorondo, muy cercano a Francisco, participó en la Biblioteca de Camioneros de un seminario con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente. A su lado estuvo Pablo, el hijo del líder del gremio. El obispo y académico repasó un documento del Papa de mayo del 2017 en el cual aludió a la “riqueza privada acumulada en los paraísos fiscales”. Merodeó el caso de Brasil pero mencionó la cuestión de Luis Caputo, ministro de Finanzas, y Du- jovne, que poseen en el exterior parte de su patrimonio declarado.

El de Sánchez Sorondo es apenas un ejemplo. Francisco viene diseñando en el país una cúpula eclesial que parece sintonizar mucho más con las posturas gremiales y de los movimientos sociales para combatir la pobreza que con aquellas que ensaya el Gobierno. Existen hechos y palabras. Monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal ungido por Francisco, recibió a los sindicalistas, incluido el hijo de Moyano, que realizaron la semana anterior la masiva Marcha Federal contra el Gobierno. El padre Jose María Di Paola, Pepe, vicario de la Villa 21, al hablar en la comisión del Congreso sobre la ley de aborto, realizó una llamativa denuncia. “El aborto es promovido por el FMI”, disparó. Las referencias podrían continuar.

El Gobierno carece de un diálogo aceitado y constante con Jorge Bergoglio. Las interferencias mutuas fueron muchas. El Papa supone que parte de tal responsabilidad en el poder incumbe a Marcos Peña. El jefe de Gabinete sabe de tal apunte pero se muestra extrañado.

Ante ese paisaje de orfandades evidentes se perfilan en el poder figuras que cobran otra dimensión. Empiezan a ocupar espacios vacíos en este tiempo de emergencia. María Eugenia Vidal viajó a Roma y mantuvo una audiencia con Francisco. Estuvo también Carolina Stanley, la ministra de Desarrollo Social. Ambas funcionarias mantienen un antiguo vínculo con el Papa. El encuentro largo, calificado de muy bueno, fue producto de la gestión rápida de un hombre cercano a un importante ministro provincial.

La gobernadora de Buenos Aires participó antes de viajar en una cita con Miguel Pichetto, el jefe del Senado del bloque peronista Argentina Federal. También asistió Horacio Rodríguez Larreta. El intendente porteño frecuenta mucho más de lo que se sabe al dirigente peronista. Pero esta reunión tuvo un sabor especial. Tanto que los portavoces no coincidieron sobre el lugar. Unos dijeron que se realizó en la sede del Gobierno de la Ciudad. Otros en la discreción de un bar. Vidal y Rodríguez Larreta están convencidos de que el Gobierno necesita ahora mismo de un vínculo estable con la oposición dialoguista. Incluso más solvente que aquel que encadenó en el 2016. Por delante está el cumplimiento del acuerdo con el FMI.

El Gobierno citó para esta semana a los gobernadores y a los jefes de bloque de la oposición en el Congreso. Los juntará con los miembros de la Corte Suprema para lanzar un plan integral en la lucha contra el narcotráfico pergeñado en el Ministerio de Justicia. ¿Será el punto de partida para una convergencia mayor? ¿O un simple ademán en el aire? Los peronistas aguardan que se les habilite cabida en otros debates. Sobre todo en el plano económico. No entienden, entre muchas cosas, cómo un país al que le faltan dólares y acude a la ayuda externa flexibiliza tanto algunos sistemas. La Secretaría de Comercio elevó de US$ 1.000 a US$ 3.000 el monto para las compras online en el extranjero.

Hacia donde se incline al final el fiel de la balanza podría depender de una cosa: si prende en el Gobierno la convicción de un pacto generoso. De lo contrario, continuará prevaleciendo la ambivalencia. O el criterio de aquellos que suponen que la pelea con Cristina Fernández no agotó todavía sus frutos.

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