Liderazgo en refacción

Domingo, 4 Marzo, 2018
Autor: 
Eduardo van der Kooy
Fuente: 
Clarín

Mauricio Macri apuesta a recuperar la robustez del liderazgo. Esa condición empezó a declinar desde diciembre, cuando en medio de una batahola callejera resultó aprobada la reforma previsional. Su figura ingresó en un plano descendente que ahora parece estabilizarse. Pero no alcanzaría con ese conformismo: el Presidente sabe que todavía debe atravesar un desierto. Que lo presume pequeño: hasta el final del primer semestre; hasta que concluya el Mundial de Rusia. Por esa razón requiere de nuevo crédito social.

Macri hizo los deberes básicos en búsqueda de su recuperación. Abroqueló a los legisladores de Cambiemos con un lunch gourmet que ofreció en Olivos. Atendió también, en forma diferenciada, a sus socios radicales. Dispensó una audiencia a solas a Elisa Carrió. Es decir, a la Coalición. Abrió las sesiones ordinarias del Congreso con un mensaje que apuntó a un par de objetivos: colocar su investidura como centro de gravedad de la escena; ensayar una reconstrucción de la confianza popular. La expectativa constituyó en estos dos años un capital político divino para el Gobierno. Esa llave le sirvió para administrar el estado de crisis que heredó de Cristina Fernández.

También para que una primera minoría electoral considerable, que se expresó hace apenas cuatro meses, siguiera apostando al futuro aunque no estuviera satisfecha con el saldo del presente. En ese veredicto pudo haber incidido otra cosa: la exhibición únicamente del pasado en aquellos que pretenden erigirse en alternativa de poder. La ausencia deliberada de la ex presidenta en el Congreso, aunque suene a paradoja, pudo interpretarse de ese modo. También la voz pública del ex ministro Axel Kicillof como uno de los grandes objetores de Cambiemos y del rumbo de la economía. Pero esos factores pueden perder peso. Empezaron a sonar timbres de alarma.

Uno de esos timbres fue activado por la reiteración de cánticos contra Macri en espectáculos públicos. No sólo en estadios de fútbol. El macrismo, por las dudas, comenzó a poner en práctica nuevas fórmulas dentro de sus laboratorios. Por caso, se prestará mayor atención a una de las tantas segmentaciones que incluyen los estudios de opinión pública. No se trata del sexo, la edad o el nivel educativo, las tradicionales. Habrá indagación en las simpatías futboleras de los ciudadanos consultados. Y un desmenuzamiento sobre la hipotética derivación en las urnas de tales identidades. El seguimiento se venía realizando, aunque sin profundidad. Porque no hacía falta. El último registro de una influencia de ese tipo sobre la orientación del voto había sido detectado en 2007 cuando Macri disputó la jefatura porteña. Por entonces, el porcentaje de votantes de Boca resultaba muy superior al del resto de los clubes.

Ese detalle, sin embargo, asoma como una anécdota en un paisaje de dificultades gigantescas. El Presidente tiene su mayor problema con la economía. Por tres motivos: la falta de resultados cautivantes, en especial ligados a la inflación y el crecimiento; sus límites políticos y sociales para hacer en ese campo otra experiencia; una receta que se sigue repitiendo pero que, por las evidencias, parece decaer en credibilidad. Macri insiste que la inversión (interna y externa) constituye el punto de partida para alcanzar todas las metas. Pero ese supuesto se retrae por la persistencia inflacionaria y el alto déficit fiscal. Los reparos no surgen sólo en el plano doméstico.

Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda, pudo verificar ciertas aprensiones también durante su visita a España. Nadie duda que en ese mundo –en toda Europa- el Presidente le arranca siderales ventajas de simpatía y adhesión a Cristina. Pero aquellos potenciales inversores están colmados de dudas. ¿Que sucederá si Macri concluye su mandato con debilidad social? ¿Apostará él mismo a la reelección o sacaría de su manga algún discípulo?. ¿De dónde podría surgir una hipotética alternativa?. ¿Del peronismo clásico? ¿Con qué liderazgo? ¿Otra vez del kirchnerismo con el predominio de Cristina? Cualquiera de esas interpelaciones detona afuera la incertidumbre y el espanto. En esas condiciones la posibilidad de inversiones importantes se torna compleja. Porque falta previsibilidad. Esa virtud que la Argentina extravió hace por lo menos seis décadas.

Para afrontar semejante desafío al Gobierno le hará falta desplegar una capacidad operativa aún borrosa. No alcanzaría con la comunicación que la realidad inevitablemente agota. Tampoco con la dosis de optimismo voluntarista inyectado en el macrismo. No puede negarse que Macri estuvo astuto cuando planteó una agenda de vindicaciones sociales que sonrojaron al kirchnerismo y desorientaron a la izquierda. La Ley de Aborto, la paridad de salarios para hombres y mujeres, la educación sexual y la licencia paternal por nacimiento.

Tampoco se trató, como estrategia, de una originalidad. Se divisa a lo largo de la democracia –aunque de ninguna manera invalide los debates- la huella del oportunismo y la necesidad. La Argentina asistió al tratamiento de otras leyes tan cruciales como aquellas en contextos similares. Raúl Alfonsín enarboló la Ley de Divorcio para conservar la iniciativa que había obtenido con el gran triunfo electoral en los comicios de medio término de 1985. Pero ese logro consagrado en 1987 terminó siendo devorado por la crisis económica. Néstor Kirchner y Cristina, aún a contramano de las convicciones íntimas del ex presidente, recurrieron a la Ley del Matrimonio Igualitario después de perder las legislativas del 2009. Consiguieron la sanción en julio del 2010.

Pero la reelección de Cristina con el 54% de los votos obedeció, sobre todo, al repunte de la economía y al impacto emocional colectivo que causó la repentina muerte de Kirchner. La Ley del Aborto promete ocupar gran parte del trabajo del Congreso en los próximos tres meses. Su destino resulta extremadamente incierto aunque podría servirle al macrismo para intentar tender puentes con sectores medios distanciados por cierto desencanto general. La problemática afecta al conjunto de la sociedad. Pero la discusión controvertida cala en las grandes urbes. Puede decirse que en esa franja central donde Cambiemos se ha hecho fuerte en el plano electoral. La cuestión es más resistida en el interior conservador, sobre todo en las provincias del NOA y el NEA.

Para aquellos mismos sectores sociales, también expandidos hacia abajo, el Gobierno cuenta con otra herramienta que en estos dos años nunca escapó a sus prioridades: la educación. El Presidente golpeó con una frase en el Congreso: sostuvo que los docentes se acuerdan de su tarea sólo en el momento de las paritarias. El destino de sus palabras fue Buenos Aires. Convertida en vidriera de las eternas pulseadas entre María Eugenia Vidal y los gremios del ramo. Con Roberto Baradel, de SUTEBA, a la cabeza.

Aún con costo, porque las clases no empezarán, la gobernadora parece haber logrado algo: incomodar a los dirigentes con otras propuestas, al margen de los salarios magros. Están las pruebas de evaluación para ellos que siempre resisten; están los premios por presentismo que también rechazan. El año pasado cuestionaron la cláusula gatillo y ahora la demandan. En medio de las discusiones, las estadísticas revelan demasiadas cosas: sobre una planta docente bonaerense de más de 300 mil personas (computando auxiliares), en el 2017 se verificaron alrededor de 115 mil licencias mensuales. Los maestros volvieron a la actividad el 14 de febrero. Hasta el viernes ya habían ingresado 20 mil solicitudes de licencia.

La necesidad de robustecer el liderazgo de Macri, soslayando por ahora logros económicos, también empuja al Gobierno a la sobreactuación y los equívocos. Pasó con la tensión que atravesó la relación con Bolivia luego que Evo Morales amenazó con no prestar asistencia sanitaria a los argentinos que residen allá. El macrismo replicó con un proyecto tendiente a gravar la salud y la educación a los inmigrantes. Abrió una Caja de Pandora peligrosa e inútil. Nunca se debe arrojar combustible sobre el nicho de un ánimo xenófobo que anida en todas las comunidades del planeta. Menos haciéndolo sin fundamento: existen aquí sólo 55 mil estudiantes universitarios extranjeros (en su inmensa mayoría residentes) sobre una población –estatal y privada— de 1.600.000. Con esa dirección, le resultaría difícil a Macri pretender convertirse en un eje regional, aún cuando el Cono Sur carece ahora de algún eje.

Macri se está asomando en la mitad de su mandato a un momento delicado. Debe recuperar expectativas mientras los recursos siguen escaseando. La aseveración de que lo peor ya pasó repica sobre un mar de interrogantes. Tampoco se plantea variaciones económicas o políticas. La defensa del gradualismo obedece al imperio de la realidad. La convocatoria que formuló “a todos” para continuar su camino asemejó a una invocación formal antes que al posible anticipo de una maquinaria política remozada. El Presidente continúa creyendo que Cambiemos está bien como está. Que no le hace falta ningún adicional para sobrellevar este año que amanece destemplado y representa la antesala de su posible reelección. Aquello que no intente ahora será más adelante en vano.

Macri sigue visualizando a Cristina como escollo insalvable para la unidad peronista. Casi un salvoconducto para su continuidad. Quizás por ese motivo, dentro y fuera del Congreso, decidió desagrietar su mensaje. El liderazgo fuerte no tolera ningún desprendimiento.

 

 

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