Juan Llach: "Los argentinos somos buenos para gastar dólares pero no para generarlos"

Domingo, 29 Julio, 2018
Autor: 
Daniel Sticco
Fuente: 
Infobae

Casi un año atrás, cuando Infobae entrevistó a al sociólogo y economista Juan Llach -director del Centro de Estudios de Gobierno, Empresa y Sociedad y Economía del IAE Business School-, una de sus inquietudes era ¿por qué el FMI no elevaba la tasa de crecimiento esperada para la Argentina". Es que entonces la actividad agregada mostraba lo que parecía la consolidación de un proceso de reactivación a tasas superiores al 4% anual, y los técnicos del Fondos proyectaban para todo el año un aumento del 3 por ciento.

Pero el escenario cambió abruptamente, al punto de que 2017 terminó con una modesta suba de 2,85%, incluso por debajo de lo que parecía una estimación conservadora.

Y hoy, casi 12 meses después, el Gobierno argentino debió acudir al auxilio financiero del FMI, y la proyección de variación del PBI se ubica entre más y menos 0,5%; y un crecimiento esperado de menos de 2% para el año próximo.

¿Qué pasó en tan poco tiempo para semejante devaluación de los resultados y pronósticos?, le preguntó Infobae al economista y sociólogo que siempre se ha caracterizado por ser muy cuidadoso en sus análisis y no subirse ni al triunfalismo o pesimismo, según la etapa de avance y retroceso que mantiene la Argentina desde hace  70 años, o incluso más.

– Creo que todos hablamos de la economía Argentina como si fuera un país normal. No somos un país normal: 1. Somos un país que está exorbitado, fuera de órbita. La trayectoria de larguísimo plazo de la economía del país revela que es el caso de decadencia relativa más importante de todo el mundo, entre los países de igual tamaño y características; 2) llevamos 73 años con inflación crónica con dos dígitos altos y hasta 3 y cuatro, salvo muy pocos años, esto tampoco lo ha tenido ningún país; y 3) lo peor de todo, es la única economía plenamente bimonetaria del planeta. Y, no hay manuales para este caso tan atípico. Muchos de mis colegas dan por sentado que sí los hay; y veo que se habla con una contundencia que la evidencia y las teorías disponibles no justifican, porque la incertidumbre es muy grande en una economía bimonetaria. El ahorro y la inversión están completamente dolarizados; para la gente de los sectores de ingreso medio para arriba la unidad de cuenta patrimonial es una moneda extranjera.

– Y también para muchos extranjeros que vienen al país a trabajar en servicios personales en casas particulares, pero también en empresas, también piensan en dólares para girarle a familiares, pese a sus ingresos no alcanzan a dos salarios mínimos…

– Sí, también. Y cuando en Brasil apresaron al equivalente al José López en la Argentina encontraron un bolso lleno de reales. O sea, hasta la corrupción, que siempre busca lo seguro, se puede hacer en reales, acá no.

–  Y con el agravante de que no están sincronizados el ahorro en dólares con la inversión en moneda extranjera, porque gran parte del primero se hace en el resto del mundo. La cuenta cambiaria del Banco Central lo define como "formación de activos externos".

– Seguro. Eso lleva a que el financiamiento interno que se puede conseguir es muy bajo; la tendencia a pasar a los precios la devaluación es mucho más alta, y frecuentemente las curvas de oferta y demanda se invierten, esto es, cuando sube el tipo de cambio de pesos por dólar la compra aumenta; y la oferta cae porque quien tiene que vender, como los exportadores, esperan a liquidar hasta que se frene la suba de la cotización. Todavía estoy esperando el manual que diga cómo se maneja una economía bimonetaria. Si a esa carencia le agrega la herencia de 41% del PBI de gasto público; 7% del PBI de déficit fiscal y 37% del PBI de presión impositiva, se llega a una cuestión de muy difícil solución.

– ¿Por eso cree que el Gobierno adoptó por el gradualismo?

– Sí. Muchas veces la gente se revela, es una reacción plenamente humana, a que uno diga que esto puede no tener solución, como ocurre con muchas enfermedades que todavía no son curables. Creo que había tres caminos teóricos: 1) el de shock, pero el gran problema que tiene es que supone que la sociedad es de plastilina, es decir, plenamente maleable, y que se ajusta a cualquier combinación de variables fiscales que al ministro de Hacienda de turno se le pueda ocurrir, porque el shock es básicamente una política fiscalista; 2) el que privilegia la corrección del déficit externo sobre el fiscal y entonces proponen una cura que tiene que ver con una megadevaluación del peso, mucho más grande de la que tuvo lugar inicialmente, y con retenciones sobre las exportaciones. Este es un camino que la Argentina transitó muchas veces y la verdad es que no terminaron bien. Aun así, creo que la oportunidad que se perdió en 2004 es casi la peor de la historia argentina, porque se venía de una tasa de inflación del 4% anual; el país estaba creciendo; los términos del intercambio (diferencia entre la variación de los precios de exportación y el de importación) era muy positiva; era casi el paraíso terrenal, y eso se desaprovechó; y 3) el gradualismo, que ve que hay un problema fiscal muy importante, y trata, a través de la flotación, de dar alguna respuesta a la cuestión del déficit externo. Creo que desde un principio debería haberse sabido y haberse tenido presente que el gradualismo tiene el enorme riesgo, dado que hay muy poco financiamiento interno, de que se corte el financiamiento externo…

– Enseguida colapsa…

– Exacto, viene una crisis.

– Usted advertía un año atrás que el gradualismo corría riesgo si se presentaba una shock o cambio de escenario internacional, en particular en lo que respecta a las tasas de interés. ¿Por qué cree que nos afectó mucho más que a los países vecinos, incluso que Brasil, que arrastra una enorme debilidad política?

– Justamente por la vulnerabilidad del financiamiento externo, más los errores que se cometieron, como la famosa conferencia de prensa en la Jefatura de Gabinete del 28 de diciembre de 2017, porque ahí creo que hubo mucho lobby. Uno de los argumentos que se daba era que había que bajar las tasas de interés porque había tendencias recesivas, sin embargo la economía estaba creciendo al 4%; la inversión subía al 20% anual en el cuarto trimestre de 2017, y 7% respecto de los tres meses previos. Es decir, la actividad estaba levantando vuelo.

A ese error se sumaron la suba de tasas afuera, el efecto de la sequía; y los problemas de Brasil, que llevaron a finalmente un crecimiento del PBI menor al esperado. Estas y otras cosas resaltaron todos los problemas de vulnerabilidad de la Argentina. Se revela así un problema político profundo. Si bien creo que no quedaba otra alternativa que recurrir al Fondo Monetario Internacional, se revela al mismo tiempo una incapacidad de autogobernarse.

– Llegó el FMI, el crédito más barato del mercado y con una asistencia muy superior a la que se esperaba, y sin embargo, se observa que se calmó el mercado de cambios.

– Con tasas de interés muy altas…

– Sí, como medida inmediata, pero el humor es que esto no cierra…

– El humor no cierra porque se ha sumado la cuestión política, se acercaron las campañas para las elecciones presidenciales de 2019 y todo el mundo está viendo los escenarios posibles, y se plantea ¿apuesto por la Argentina?, empezando por los argentinos, porque los argentinos somos muy buenos para gastar dólares pero muy malos para generarlos. Pero qué se puede esperar en un Estado que tiene 41% del PBI de gasto público, que es un gran consumidor de dólares no produce un sólo dólar, eso ya es un problema muy serio. Y en el frente de la economía real la gente ve que empieza a resentirse el gasto público y eso tiene una tendencia recesiva.

– ¿Usted advierte una recesión generalizada y prolongada?

– Vamos a ver cómo es la recesión.

– ¿Lo sorprendió la caída del 5,8% del estimador del PBI por parte del Indec para mayo?

– Si ve la incidencia de cada rama de actividad, observará que el agro y la pesca explican aproximadamente 5,7% de la caída del PBI; es decir sin sequía el PBI hubiera variado alrededor de cero por ciento. Es clarísimo el cuadrito final que difundió el Indec: nueve sectores todavía estaban creciendo contra seis en baja. El promedio, excluido agro y pesca que también cayó, arrojó 1,5% de aumento. Nadie discute que estamos en recesión, creo que nadie. La cuestión es cuánto va a durar y la intensidad también.

– Sobre esa base ¿ve que por la caída del 5,8% en mayo, que podría repetirse en junio con el último resabio de la sequía, pero en julio empieza a impactar la mayor siembra de trigo, haya que revisar las estimaciones para el resto del año y el arrastre negativo para el siguiente?

– No necesariamente. En el IAE mantenemos el pronóstico de crecimiento en 2018 de 0,5%, porque creemos prematuro hacer modificaciones, dada la alta volatilidad. ¿De qué va a depender? Creo que mucho de las señales políticas. La primera será lo que pase con el Presupuesto 2019. Creo que todo el mundo, literalmente, lo va a estar mirando porque la señal de la votación de la marcha atrás con el aumento de las tarifas el 31 d mayo, obligando al Poder Ejecutivo a gastar $110.000 millones, sin mencionar la palabra recursos es realmente infantilismo económico. Eso está generando muchas dudas, evidentemente. Además, porque al Gobierno le queda un año y cinco meses de gestión.

– Frente a ese escenario, ¿le parece que están dadas las condiciones para pensar en la probabilidad de que se caiga en un nuevo estadio mega e incluso hiper inflacionario, como alertan algunos economistas, luego del salto al 3,7% en los precios al consumidor y del 6,5% en Mayoristas?

– No, no le veo así. Hiperinflacionario categóricamente no. Tampoco mega inflacionario que así bauticé a la que empezó con el Rodrigazo (ministro de Economía que al asumir el 4 de junio de 1975 dispuso un salto cambiario del 150%; alza del 100% de las tarifas de servicios públicos; del 180% de los precios de los combustibles y 45% de los salarios). Y durante 14 años seguidos, otro récord nacional, tuvimos más de 100% anual. Esto también lo descarto rotundamente. Pero, si veo por ahora una inflación crónica en el nivel que antes se llamaba "inflación latina", porque era la que compartían muchos países de América latina y España e Italia, en torno al 20% anual.

– ¿Es decir tasa anual de dígitos bajo, sin aproximarse a los tres? 

– Exacto. Creo que estamos en eso y que por ahora no va a cambiar. Y después hay que ver el comportamiento de las exportaciones para 2019 con el nuevo tipo de cambio. Es alentador que, sin computar la soja y subproductos afectados por la sequía, hayan aumentado 20,8% en el primer semestre de este año.

– ¿Ve al nuevo presidente del Banco Central, Luis Caputo, con la tentación histórica de la autoridad monetaria de aferrarse a la paridad cambiaria como ancla de la inflación, y no dejarla que flote realmente para que justamente la posibilidad de que resurjan las exportaciones y las inversiones asociadas no se vea otra vez obstaculizada?

– Creo que hay momentos y momentos, en la corrida cambiaria hay que actuar a cara de perro, para que se estabilice, para calmar las expectativas. La línea divisoria va a ser si se aprueba el Presupuesto, o la oposición obliga al Gobierno, como tuvo que hacer Cristina Kirchner en 2011, a tomar el del año anterior. Esa va a ser una señal, junto con una aclaración del panorama político, y entonces sí llegará el momento de tener una paridad cambiaria más real, más pragmática.

– Si el Presupuesto para 2019 se aprobara con cambios de las propuestas del Poder Ejecutivo, con más gasto, menos recorte de subsidios y más déficit fiscal ¿ve al Gobierno subejecutándolo, aferrándose al anterior para poder cumplir con las metas comprometidas con el FMI, porque se trata de una ley que autoriza a gastar hasta cierto límite, no un mandato?

– Exacto, sería un caso con pocos precedentes en la Argentina, aunque durante muchos años se gobernó sin Presupuesto. Y es una ley de autorización máxima de gasto, con lo que se puede ejecutar de muy distintas maneras. De hecho,  el país se manejó sin esa norma durante muchos años. Ahora, la oposición tiene un problema también, porque camina por el filo de la navaja, porque no quiere legitimar el ajuste del Fondo Monetario, pero ¿cuál es la propuesta?: cero.

– Y aparte un escenario recesivo no le sirve a los gobernadores para hacer campaña…

– Obviamente. Pero también veo difícil ser reelecto haciendo demagogia barata. Creo sinceramente que hay un porcentaje significativo de la población que tiene conciencia que estamos frente a un problema que tiene que tener una respuesta seria.

– Suponiendo el mejor escenario. Se aprueba un Presupuesto 2019 austero orientado a bajar el déficit fiscal al 1,5% del PBI. ¿Usted ve la probabilidad de cumplimiento?, porque en el resultado del sobrecumplimiento del primer semestre se observa un notable aumento de los recursos extraordinarios que no se repetirían el año próximo y una drástica baja nominal del gasto en obra pública que no podrá sostenerse, más allá de que se deleguen muchas de ellas con el Programa de Participación Público-Privado, y ya hay un 60% del gasto social que está indexado por una inflación previa  mayor a la que se proyecta.

– Bueno, ahí está la enorme dificultad de cumplimiento de la meta fiscal. No se olvide de la otra hoja de la tijera. La inflación ayuda por el lado de la recaudación, a pesar de la recesión de arrastre. De ahí que el resto de los recursos para lograr la meta baja de déficit que "nadie sabe de dónde van a salir", creo que vendrán del lado de la inflación.

– ¿Cómo ve el marco internacional, va a seguir afectando más a la Argentina que a los países vecinos?

– En primer lugar debo decir que viento de cola no va a haber. Veo un escenario financieramente complejo, pero no tan complejo desde el punto de vista de la economía real. ¿Por qué digo esto? Cuando ganó Donald Trump y además se dieron otras circunstancias, todo el mundo acudió al modelo canónico: suben las tasas de interés en los EEUU, fugan los capitales de los mercados emergentes a ese país y otros altamente desarrollados, se produce la apreciación del dólar y la caída de los precios de las materias primas. Pero eso está equivocado.

– ¿Por qué?

– Hay que mirar 2004 a 2008 donde se dio el alza de la tasa de interés de política monetaria de la Reserva Federal de los EEUU; el alza del rendimiento de los Bonos del Tesoro de los EEUU; pero como había inflación alta en los EEUU también se vio la desvalorización récord del dólar y el boom de los precios de las materias primas. No digo que ahora que vamos a ir a un escenario de nuevo viento de cola, pero tampoco vamos a recibir viento de frente en lo comercial.

– ¿Qué está previendo?

– Estamos frente a un espectáculo inédito de un presidente de los EEUU retando a la Reserva Federal porque está subiendo las  tasas de interés. La presión inflacionaria en esa economía está; ya casi todos los indicadores, sobre todo el que más mira la FED es el índice de precios implícitos en el gasto de los consumidores que está arriba del 2% anual. O sea, eso existe. ¿Y qué pasa? Cuando hay inflación en los EEUU ¿por qué ocurre lo que yo digo? porque la gente tiende a no ahorrar tanto en dólares, es decir cae o sube menos la demanda de dólares. No proyecto que el oro  vaya a subir a  USD 1.800 la onza Troy como llegó en 2008, pero la  gente buscará otras monedas, también el oro y otros refugios. Por supuesto que todo eso va a depender de cómo como le vaya al presidente Trump en las elecciones de medio término.

Por eso creo que la tendencia es, tal como se dijo y se está viendo, que se endurezca la situación financiera, pero no necesariamente el frente de la economía real. La desvalorización del dólar siempre ayuda porque constituye una especie de devaluación gratis, esa es una de las pocas ventajas en una economía bimonetaria.

– En ese escenario, ¿le parece acertado que el Tesoro busque financiar el déficit fiscal y absorber parte de los vencimientos de las Letras del Banco Central con la emisión de bonos dual, en pesos y dólares y que el inversor elija la mejor opción, que representa una suerte de "seguro de cambio"?

– Pero dentro del volumen de deuda pública creo que no va a ser relevante. Me parece que habría que apostar todavía más, dentro de márgenes estrechos, a desdolarizar más la deuda, aún con activos indexados. Brasil tiene tres cuartas partes de su deuda pública nominada en reales, como la bolsa de la corrupción; en la Argentina es al revés. Ese es el problema, el altísimo precio que el país paga por la alta dolarización.

– Se eligió el mecanismo de altas tasas de interés, pero en lugar de utilizarlo para fomentar el ahorro en el sistema bancario y desarrollar un mercado genuino de financiamiento, se impulsa la compra de Bonos del Tesoro, ¿cree que es buena esa estrategia?

– Es que hay un crowding out, el desplazamiento del crédito al sector privado por las necesidades de financiamiento del sector público. En una situación como está el Estado argentino se dificulta el financiamiento privado. Personalmente creo que ahorrar en UVA, Unidad de Valor Adquisitivo ajustable por la inflación del mes anterior, puede ser buen negocio, incluso con la variación del índice de precios en los últimos dos meses le podría llegar a ganar al dólar. Sería un gran avance estuviera más promovido, porque, de alguna manera, es  dar un paso para distanciarse de la dolarización. Sobre todo porque Chile salió de circunstancias parecidas, no idénticas, con ahorro indexado.

– Usted puso énfasis en que se vote el Presupuesto 2019 que propondrá el Poder Ejecutivo para que mejoren las expectativas, ¿es el único requisito, o suma otros?

– Claramente, al Presupuesto aprobado le sumo la necesidad de cumplir con las metas de déficit fiscal, y ya se estaría dando un paso muy significativo si se sobre cumple el compromiso para este año. Pero acá está faltando reconocer humildemente cuál es nuestra realidad. Cuando digo esto no me refiero solamente a los políticos, el círculo rojo existe. Después de oírlo mucho he llegado a una suerte de definición: para mí es un conjunto de personas en posiciones de poder, tanto económico, social, y mediático, que, por su modo de pensar tendrían que apoyar el proceso de cambio; pero en el fondo están más o menos bien con las circunstancias en su posición, no les va tan mal y tienen un buen nivel de vida, y en el balance terminan oponiéndose.

La verdad que el cambio de este tipo de opinión que hubo entre noviembre 2017 y abril 2018, fue sorprendente. Hay releer las noticias del mes posterior a las elecciones, el presidente Mauricio Macri ya estaba reelecto, y cinco meses después era un imbécil que no sabía nada, que había cometido todo tipo de errores.

– No se estaba tan bien entonces ni tan mal ahora…

– Obviamente que hay una mezcla. Ese cambio de humor del círculo rojo muestra que toda esa opinión no está asentada en cimientos sólidos, es totalmente volátil.

– ¿Se percibe lo mismo en los líderes internacionales, por cuando lo ven al Presidente en foros internacionales, fuera y dentro del país, lo elogian efusivamente y destacan su política económica y de apertura al mundo, pero a la hora de financiar el desequilibrio fiscal de la Argentina, se muestran reticentes?

– Eso es un éxito notable del Gobierno porque, además, los apoyos van desde Donald Trump, hasta Emmanuel Macron, pasando por Vladimir Putin y Xi Jinping. Es muy raro todo eso. Hay un interés en la Argentina que a mí también me da la sensación de que es exagerado. Pero ha sido un logro para el Gobierno, porque la unidad del apoyo lo exime de poder ser acusado de entreguista.

– Sin embargo, ¿no le sorprende que ese apoyo no se corresponde con la asistencia financiera de los fondos de inversión de esos países?

– Espere. No se corresponde en el apoyo del sector privado, pero si en el apoyo oficial. Ahí se unieron, como lo refleja el monto récord del Fondo Monetario Internacional y su aprobación a tambor batiente revelan que el apoyo ha seguido en el mismo nivel. Lo que ha cambiado mucho es el apoyo inversor. En Davos 2016 hubo anuncios de inversiones en la Argentina por USD 15.000 millones, de los cuales se deben haber concretado USD 1.500 millones, nada más.

Es que cuando usted ve que en la Argentina el Impuesto a las Ganancias a las empresas está entre los más altos del mundo, y se agrega el Impuesto a los Ingresos Brutos; el Impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios, y siempre se está pensando en crear  nuevos, advierte que la cuenta no le da. Por eso tenemos la inversión en el nivel desastroso en el que está, un 15% del PBI.

– ¿Cuál es su visión final de la economía y hacia dónde va?

– Yo lo escribí en los informes mensuales del IAE, casi cuando estaba estallando la corrida cambiaria "un tropezón que no llegó a ser una caída", y lo sigo sosteniendo. Hubo un gran tropezón, la verdad es que hubiera sido sorprendente que se pudiera salir de esta tríada fiscal de 41% del PBI de gasto público; 7% del PBI de déficit; y 37% del PBI de presión tributaria, sin un tropezón. Y eso ojalá nos sirva a los argentinos para tomar conciencia de que somos un país exorbitado, que estamos fuera de órbita; que tenemos problemas muy profundos y que si no nos ponemos de acuerdo en ponernos las pilas, seguiremos con crecimiento nulo por habitante, como ocurre desde 2011, esto es durante 8 años, dos presidencias completas totalmente distintas y el mismo nivel de vida. Ha sido una década pérdida.

O sea, querer copiar a algún país es un error: "tenemos que ser como los nórdicos, o como Canadá o Australia. Pero casi peor es hacer lo que nadie hace, como poner retenciones a las exportaciones; o aceptar vivir con una inflación del 25%, y sin una rebelión antiinflacionaria. Es necesario acabar con eso, Brasil y Chile lo hicieron. Evo Morales, con una macroeconomía ordenada. Si los Kirchner hubieran tenido la macroeconomía de Bolivia en este momento nuestra conversación hubiera sido totalmente distinta.

 

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