Es hora de hablar de las exportaciones

Martes, 13 Marzo, 2018
Autor: 
Dante Sica
Fuente: 
Clarín

Más de 1.800 kilómetros recorren miles de sensores producidos en San Pablo que se fusionan con otros componentes para la elaboración de cajas de transmisión automática en Córdoba y que luego forman parte de los vehículos que se fabrican en una terminal de Pacheco. Casi la mitad de esos vehículos tiene destino de exportación. En Argentina, las tres cuartas partes de lo que se destina a armar un automóvil son extranjeras, los medicamentos requieren de un gran porcentaje de componentes extranjeros y muchas golosinas utilizan químicos importados para tener colores atractivos.

El proceso productivo es una cadena de integración global en la que los insumos se fabrican en distintas latitudes para combinarse en múltiples etapas hasta configurar el artículo final. En este esquema, las importaciones adoptan un rol clave en el agregado de valor industrial, ya sea con destino local o exportador. Por eso, el foco de la agenda empresaria no debería estar puesto –como ha sucedido en las últimas semanas- en la creciente competencia importadora, sino en cómo aprovechar las oportunidades que plantea un escenario de crecimiento de la demanda global, en el marco de una economía local en proceso de normalización y más integrada al mundo.

Después de resolver los problemas más acuciantes durante el primer año de la nueva gestión, el Gobierno parece estar abocado a consolidar la normalización de la macro y administrar las tensiones derivadas del proceso de reformas. En forma paralela, está trabajando con el objetivo de aumentar los niveles de competitividad de la economía. El sendero define una vocación clara basada en elementos como la apertura comercial y el establecimiento de un marco regulatorio que mejore el clima de negocios.

Esta política tiene como objetivo el compromiso de incorporarnos a las cadenas globales de valor, tras una década de aislamiento. Con el propósito de mejorar la inserción externa, se han puesto en marcha un conjunto de medidas, como la creación de la Ventanilla Única de Comercio Exterior, eliminación/reducción de las retenciones agrarias, incremento de los reintegros a las exportaciones. Otras iniciativas apuntan a mejorar la competitividad de la economía con mejoras en la infraestructura y la logística para optimizar la estructura de costos.

Mientras tanto, la eliminación del cepo cambiario junto al establecimiento de un nuevo sistema integrado de monitoreo de importaciones en reemplazo de las DJAIS ha llevado a una normalización de las cantidades importadas que, de todos modos, no se ubican en rangos históricos alarmantes. Argentina debe aprender a convivir con niveles de importación bastante más altos que en los últimos años, especialmente si desea crecer a un ritmo sostenido de 3 o 3,5%.

Veamos qué sucedió en 2017. Con un valor de USD 66.899 M, las compras al exterior crecieron 19,7% interanual. Los incrementos más significativos se anotaron en los bienes de capital y los bienes intermedios, que tuvieron un avance de 23% y 15,2%, respectivamente. La tendencia positiva de estas importaciones refleja la recuperación de la industria y la inversión, como también el sólido crecimiento de la construcción del año pasado. La importación de bienes de consumo también traccionó, pero aún no alcanzó los niveles máximos históricos en porcentaje de consumo aparente. No obstante, no hay que perder de vista la apertura a nivel sectorial donde se visualizan heterogeneidades. En este sentido, podemos destacar como casos testigos los rubros de calzado, confección y electrónica de consumo en los que la importación gana peso sobre la producción.

Así, la cuestión central a plantear sería cómo multiplicamos nuestras exportaciones para equilibrar estos niveles de compras externas de manera sustentable a mediano y largo plazo. Si bien todavía estamos a años luz de esa meta, la tendencia es positiva: luego de cerrar 2017 con un crecimiento del 11,1%, las exportaciones de origen industrial aumentaron en enero un 29%.

La conquista de nuevos mercados es la carta más importante en el complejo tablero internacional. El objetivo es que en 2020, Argentina tenga acuerdos de libre comercio con los países que representan el 41,5% del PIB mundial, un salto significativo ya que actualmente este nivel se ubica en el 9% y hay negociaciones que nos permitirían alcanzar el 32,5% restante. En este marco, podemos mencionar las tratativas Unión Europea/Mercosur, el EFTA (Islandia, Noruega, Liechtenstein y Suiza) y bilaterales con México, Corea del Sur, India y Canadá. Argentina gestionará además sumar al Mercosur al flamante Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), que integran Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam.

Nuestro país fue en 2015 la tercera economía con menor incidencia de las importaciones en el producto del mundo, solo detrás de Nigeria y Sudán. Hoy su performance es inherente a la de una economía que se normaliza. Este nuevo escenario de negocios internacionales impone a las empresas la necesidad de reconvertirse para competir en una economía abierta y expuesta a los cambios tecnológicos globales. Es fundamental definir nuevas estrategias que incorporen la reducción de costos, la innovación y la mejora de procesos productivos.

Director de ABECEB, ex secretario de Industria, Comercio y Minería de la Nación

 

 

 

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