El problema es la inflación y no la reforma del Indec

Lunes, 2 Abril, 2018
Autor: 
Néstor O. Scibona
Fuente: 
La Nación

Este repunte se ve corroborado -como botón de muestra-, en el habitual relevamiento de precios que realiza esta columna en la misma sucursal porteña de una cadena de supermercados. A fin de marzo registró aumentos en 20 de los 30 productos de consumo masivo que integran la canasta fija de alimentos, bebidas sin alcohol y artículos de limpieza y tocador. Como resultado, el valor total del ticket de compra pasó a $2882 (frente a $2706 en febrero), con un aumento del 6,5%.

Si se compara con diciembre ($2532), la suba acumulada en el primer trimestre alcanza al 13,8% y marca la magnitud de la aceleración, si se considera que en los últimos 12 meses el ticket tuvo un alza interanual del 22,1% (costaba $2360 en marzo del año anterior).

Los incrementos fueron muy heterogéneos en marzo, ya que los mayores corresponden a productos que se mantenían estables o con leves altibajos desde fin de año y los menores, a ajustes más pequeños pero continuos en los últimos tres meses.

En el primer grupo sobresalen carne picada magra (122% en marzo y 109% en el primer trimestre); detergente cremoso (27,5 y 11,3%); limpiador con amoníaco (20,3% en ambos casos); jamón cocido (13,1% en ambos); pata muslo de pollo (10 y 42,43%); agua mineral (8,6 y 11,9%); papel higiénico (5,9 y 0,7%), y gaseosas de primera marca (4,8 y 4,2%). En el segundo se ubican postres lácteos (4,1 y 6,2%); amargo serrano (2,7 y 8,5%); milanesa cuadrada (2,7 y 11,3%); servilletas de papel (2,6 y 7,5%); azúcar (4 y 13,4%); café molido (3 y 9,2%), y yerba mate (1,3 y 5,3%). Un tercer grupo está constituido por productos que no aumentaron en marzo, pero lo habían hecho antes, como supremas de pollo (103,7% en el primer trimestre); fideos guiseros (10,3%); pan francés (10%); lomo premium (8,7%); queso rallado (2,7%), y leche para bebés (1,6%). Muchos de estos incrementos no deberían sorprender si se tiene en cuenta que el índice de precios mayoristas había acumulado en el primer bimestre del año una suba del 9,6% por el impacto simultáneo de los mayores costos de electricidad, gas y combustibles y la suba del dólar por encima de los 20 pesos. Desde varios sectores industriales explican que este último factor se tradujo en alzas de insumos que se mueven al ritmo del dólar (envases plásticos, vidrios), así como de productos exportables (aceites, harinas, carnes), antes de que el Banco Central decidiera en marzo frenar la escalada a costa de vender reservas por unos 2000 millones de dólares. A esto se suma el mayor costo de fletes.

Sin embargo, no todos los precios de lista ni en las góndolas son los que efectivamente pagan comerciantes y consumidores. Proliferan bonificaciones por pago al contado, descuentos con tarjetas de afinidad y ofertas por cantidad, debido a los fuertes contrastes que muestra el consumo según los distintos segmentos de ingresos. De ahí que coexistan el boom turístico de Semana Santa con las compras low cost de productos de primera necesidad para contrarrestar los mayores gastos en tarifas e impuestos.

Las ventas en supermercados volvieron a caer en términos reales durante el verano y agudizaron las preocupaciones del sector, que viene perdiendo clientes (se calcula que no menos de un millón) a manos del canal mayorista. Para contrarrestar este efecto -y el paulatino agotamiento del modelo de promociones para determinadas marcas- algunas cadenas pasaron a ofrecer descuentos por volumen a precio mayorista; y otras, productos fraccionados sin marca a precios más baratos. No obstante, como correlato del actual repunte inflacionario, por primera vez los precios de variedades de pan de mayor calidad aparecen por 100 gramos (a $9,90), como desde hace tiempo ocurre con los quesos.

Otra preocupación, que viene desde más lejos, es la competencia desleal de pequeños comercios y autoservicios que venden en efectivo sin factura y no pagan impuestos, lo cual les permite ofrecer precios más bajos sin sacrificar márgenes. Tal vez esta situación pueda comenzar a corregirse si la AFIP fiscaliza la obligatoriedad de instalar posnets para pagos con tarjetas de débito, cuyo plazo venció el 31 de marzo.

En voz baja se comenta en el sector que una cadena de origen francés registró en 2017 pérdidas por más de 150 millones de dólares y descabezó su cúpula local, mientras que otra de origen estadounidense planea reducir sus operaciones en el país mediante la asociación con algún competidor y/o la venta de locales, en un contexto poco propicio para este tipo de operaciones.

Las perspectivas de inflación para abril tampoco son alentadoras debido a la superposición de aumentos en las tarifas de gas (40%); colectivos y trenes en el área metropolitana de Buenos Aires (11,7%) y peajes en las autopistas urbanas (13%). A estos podría sumarse el subte y no habría que descartar incluso un ajuste en el precio liberado de los combustibles (del orden de 5/7%) por la suba del dólar y la cotización del petróleo desde el último aumento a comienzos de febrero. Así, el primer cuatrimestre cerraría con una suba del IPC del orden de 8,5/9%, más de la mitad que la meta oficial de 15% fijada para este año. Para el BCRA, esta aceleración de precios es transitoria, ya que obedece a las correcciones tarifarias y la suba del dólar entre diciembre y febrero y que, con paritarias cerradas al 15%, "la inflación consolidará su tendencia a la baja". Pero a la vez anticipó que seguirá interviniendo en el mercado cambiario para frenar el dólar y mantuvo sin cambios la tasa de política monetaria en 27,25% anual, aunque sin descartar futuras subas si la inflación no cede.

En este marco, resulta tan inexplicable como inoportuno que desde el Ministerio de Hacienda haya surgido el anteproyecto de ley para disolver el Indec, transformarlo con todo su personal en un Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y subordinarlo a un Consejo Nacional de Información Estadística de siete miembros, presidido por el secretario de Programación Económica. Allí, el INE tendría voz, pero no voto, y dejaría de ser el organismo rector del sistema.

Esta iniciativa, de 70 artículos, es incompatible con otro proyecto más simple elaborado por la actual conducción del Indec para armonizar la metodología de medición en todas las provincias y tornar el sistema estadístico nacional homologable a nivel internacional. Además prevé un consejo técnico consultivo sin facultades ejecutivas y otorgarle autarquía, en línea con la que se aplica en los países miembros de la OCDE, donde los organismos estadísticos oficiales están ajenos a injerencias políticas.

Aunque la Jefatura de Gabinete anunció su intención de unificar ambas iniciativas, de hecho resultaría imposible compatibilizarlas. No solo eso. Un aval presidencial al proyecto de Hacienda significaría desplazar a Jorge Todesca de la conducción del Indec después de haber realizado el "trabajo sucio" de normalizar el organismo y recuperar la credibilidad de las estadísticas públicas en pocos meses. La razón es que los cargos de director y director técnico del INE se elegirían por concurso para un período de cinco años y por edad el funcionario no podría.

Hace tres meses, al presidir el 50° aniversario del Indec en una jornada técnica con especialistas de organismos internacionales, Mauricio Macri elogió la labor de Todesca como ejemplo del "sí se puede". Después de tantos años de oscurantismo y manipulación estadística con fines políticos en el Indec, lo que no se puede es crear un problema donde no existe. Y poner en riesgo la confiabilidad del organismo que, entre otras tareas, tiene por delante una nueva encuesta nacional de gastos de hogares para definir mejor el impacto de la inflación y un censo agropecuario nacional después de dos décadas sin datos actualizados.

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