El conventillo peronista, un dilema para Mauricio Macri

Miércoles, 8 Noviembre, 2017
Autor: 
Eduardo van der Kooy
Fuente: 
Clarín

El gobierno de Mauricio Macri enfrenta una encrucijada.

La acción punitiva de la Justicia, sobre todo con los últimos encarcelamientos de Julio De Vido y Amado Boudou, le ha permitido transmitir a la sociedad su voluntad de no entorpecer el presunto saneamiento del sistema político y la vida pública.

En aquel colectivo existe una sed de reparación contenida por décadas. Por esa razón, tal vez, repara menos de lo que debiera en los presurosos procedimientos de algunos jueces.

Pero aquella novedad dispara simultáneamente otra cara de la realidad: la sucesión de episodios judiciales ha comenzado a profundizar la dispersión opositora. El fuego crece y se cruza en la geografía peronista-kirchnerista.

Esa revulsión también podría ser observada con cristales distintos.

A lo mejor resulta una señal alentadora frente al proyecto de Macri de continuar en 2019 en compañía de Cambiemos. Aunque el Presidente afronta otra tarea en el corto plazo para afianzar su gestión que, por tratarse de una administración que no domina ninguna de las cámaras del Congreso, requiere de aquella oposición hoy perturbada.

Cambiemos sigue desplegando estos días aquí la propuesta de múltiples reformas (tributaria, laboral, previsional) que Macri comunicó hace diez días.

El mandatario está vendiendo a la par, en su viaje por Nueva York, el escenario de una Argentina apta para los inversores. Tal coreografía está todavía por diseñarse. Pero resulta lógica la iniciativa política presidencial.

Macri cuenta en el exterior con una ventaja. Contrapone su oferta a la memoria de la década kirchnerista. Cuando el país se encerró con reglas de juego propias sin atender ninguna de los demás.

En un sentido similar también cuenta con un hándicap en el plano doméstico. Los rostros más visibles en la vidriera de la oposición continúan siendo los más impopulares. No sólo los de De Vido y Boudou entre las rejas.

La última arenga pública correspondió el lunes a Luis D'Elía. El dirigente piquetero fue condenado a cuatro años de prisión, que apelará, por la toma de una comisaría en La Boca.

Se trata del defensor más fervoroso de Boudou. Lo calificó de “patriota” y de “héroe nacional”.

El dirigente llamó a una resistencia popular contra Macri, “como lo hicimos durante la dictadura”. Terminó su mensaje al grito de “¡Viva Néstor, viva Cristina!”.

El caso D'Elía repuso también la dualidad de velocidades en el comportamiento del Poder Judicial.

La toma de la comisaría, que incluyó agresión a policías y destrucción de instalaciones, se produjo en junio de 2004. Amanecer del gobierno de Néstor Kirchner.

La causa tuvo infinidad de dilaciones. Hasta llegó a ser prescripta por un fallo de la Sala I de la Cámara Federal que, entre otros, integró Eduardo Freiler. El mismo magistrado afronta ahora un juicio en el Consejo de la Magistratura por enriquecimiento ilícito.

La Cámara de Casación, en mayo de 2012, revirtió la prescripción y dejó firme el procesamiento a D'Elía. Además, aconsejó dar un trámite urgente al asunto.

Debieron transcurrir cinco años desde esa instrucción y trece desde el comienzo de la causa para que el dirigente piquetero resultara condenado en un juicio oral y público.

D'Elía representa apenas un fragmento de los muchos en que está dividido el kirchnerismo.

Tiene relación fronteriza con Aníbal Fernández. Es casi lo único que le queda. Comulgan además contra enemigos comunes. Uno de ellos ha pasado a ser La Cámpora.

El piquetero sostiene que sus miembros no sirven para nada. El ex jefe de Gabinete también. De hecho, cuestionó a ellos y a los diputados del Frente para la Victoria que decidieron no dar batalla para trabar el desafuero de De Vido, solicitado por el juez Luis Rodríguez.

Supone que dicha orden emanó de Máximo Kirchner. “Si es así, no tiene una gota de sangre de la del padre”, acuchilló.

Al hijo de la ex presidenta y a sus compañeros de agrupación les endilga haber volcado sobre él la responsabilidad política por la derrota de 2015. Se trataría de un balance que también comparte Cristina.

Las municiones más pesadas en esa suerte de “guerra de guerrillas” en el interior peronista fueron lanzadas por el ex ministro de Planificación.

De Vido, en su carrera epistolar en prisión, se despachó primero contra Cristina por haberle soltado la mano en la campaña.

Se la había soltado ya, de verdad, en los años finales de su gobierno. Pero nunca se animó a prescindir de él por una razón: fue el hombre que había urdido y manejado la maquinaria de recaudación y negociados kirchneristas.

Sabía, en ese terreno, bastante más que ella. En las vísperas del 22 de octubre, con el ex ministro de Planificación en la picota, la ex presidenta manifestó que no ponía las manos en el fuego por De Vido ni por nadie. Salvo por su familia.

En otra carta, que acostumbra escribir de puño y letra y luego transcribe su abogado en un ordenador, el ex ministro embistió contra la estructura formal del peronismo.

El mundo que conoció bien. Al que, por ese mismo motivo, no le perdona lo que interpreta como una “traición”: la falta de su defensa en el Congreso.

Los proyectiles impactaron sobre José Luis Gioja. Ex mandatario de San Juan. Actual titular de la conducción nacional. Le recordó la cantidad de obras que desde Planificación habían sido facilitadas para su provincia.

Una advertencia que no pasó inadvertida para otros. Aunque guarden silencio, como el formoseño Gildo Insfrán.

El pejotismo resulta un alma en pena.

El partido fue definitivamente confinado por Cristina. Tanto que sus autoridades actuales serían reflejo casi perfecto de la derrota y el estado de desorientación.

Gioja ejerce la titularidad pero en su provincia fue desplazado por Sergio Uñac, actual gobernador.

El vice es Daniel Scioli, electo como quinto diputado por Buenos Aires. Distanciado de todas las refriegas, dedicado ahora a la vida privada y encantado con los fueros.

El timón del partido bonaerense, el perforado bastión histórico del PJ, sigue en manos del ex intendente de La Matanza y también diputado electo en tercer lugar, Fernando Espinoza.

Allí se prepara una renovación de autoridades. Las candidaturas deben presentarse como a mitad de la próxima semana. Hay sólo un indicio que es rumor: la chance de que el ex presidente Eduardo Duhalde tenga ganas de volver a tallar.

Esa realidad hace sentir su onda expansiva en el Congreso. Diego Bossio, el jefe del bloque del PJ en Diputados, percibe la presión a dos puntas. La del kirchnerismo y la de la vertiente del Frente Renovador, que está llamada a actuar en tándem con el PJ. Ni Felipe Solá ni Graciela Camaño parecen dispuestos a admitir muchos de los aspectos de las reformas que auspicia el Gobierno.

Otro intríngulis sucede en el Senado.

El hombre de hierro es allí Miguel Ángel Pichetto. Interlocutor fiable del Gobierno que pugna por una reconstrucción del peronismo tradicional. Al igual que Bossio en Diputados, pretende discutir pero no bloquear las propuestas de Cambiemos.

El senador desea ordenar su bancada antes del 10 de diciembre, cuando asuma Cristina. Ordenar implica dejar al kirchnerismo aislado. De hecho, mantiene diálogos con el salteño Rodolfo Urtubey (hermano de Juan Manuel, el gobernador) y con Omar Perotti. El santafecino necesita de un blindaje pejotista para encaramarse en la pelea por la gobernación provincial. Nunca llegará a esa cima aupado por el sector partidario que controla allá el diputado Agustín Rossi.

Macri aspira a que el peronismo se rehaga cuanto antes para poder negociar las reformas que pregona. Con el conventillo de esta hora se le haría verdaderamente muy difícil.