Brasil busca la salida de su laberinto y el gigante se va reanimando

Miércoles, 2 Mayo, 2018
Autor: 
Dante Sica
Fuente: 
Clarín

Más de 300 días estuvo España sin gobierno. A fines de noviembre de 2015 y hasta octubre del año siguiente vivió una acefalía repitiendo elecciones sin lograr un ganador y negociaciones infructuosas, mientras llamativamente su economía crecía al 3,2% anual, ajena a la crisis política.

“Los españoles llevan meses esperando que el cadáver pestañee”, describió Iñaki Gabilondo, un reconocido periodista de la península. El cadáver del que hablaba era el de la formación del gobierno de su país.

Salvando las distancias, hoy Brasil se encuentra buscando la salida de su laberinto. El presidente Michel Temer posee una gran debilidad ante las repetidas acusaciones por corrupción de la Justicia y la inexistente adhesión popular, con un Congreso paralizado por legisladores más atentos a negociar candidaturas que a sancionar iniciativas del oficialismo.

Así, con Temer en jaque, Lula preso y ningún candidato con intención de votos suficiente para ganar en las urnas, el panorama de nuestro principal socio comercial es de gran incertidumbre.

No obstante, y como sucedió en España, la economía brasilera se divorció de la política y emprendió su curso activo, superando la peor crisis de los últimos 30 años y logrando un crecimiento del 1% durante 2017.

Sin dudas, gran parte de los actores económicos y financieros incorporaron la inestabilidad política a su matriz de toma de decisiones.

De manera lenta, el gigante se va reanimando.

Las perspectivas de crecimiento para 2018 son cercanas al 2,7%, la inflación está en 2,9% anual (el menor nivel en una década) y la tasa de interés CELIC es muy baja, cercana al 6,25% anual, aunque es verdad que el costo de financiamiento para las empresas todavía es elevado y eso demora la reacción.

Uno de los mayores impulsos para el crecimiento en 2017 fueron las ventas al extranjero, que le permitieron a nuestro socio cerrar el año con un superávit comercial histórico de US$ 62.000 millones.

A pesar de su fragilidad, Temer logró avanzar con una ambiciosa agenda como la enmienda constitucional que congeló el gasto por 20 años, la reforma laboral y un programa de privatizaciones que prevé sacar de la órbita oficial unos 57 servicios públicos.

En esta economía, divorciada de la política, la última carta clave que le falta jugar al presidente de Brasil, previo a la entrega del poder, es la firma del histórico acuerdo Unión Europea-Mercosur.

En efecto, la posición del Planalto respecto a cuál es la estrategia que el bloque debe encarar en este momento coincide con la liderada por el gobierno del presidente Mauricio Macri, permitiendo una sinergia entre las dos potencias.

Esta apuesta bilateral se traduce en un incremento de los esfuerzos por aumentar los lazos de integración con el mundo y el compromiso de incorporarnos a los circuitos globales de integración luego de varios años de aislamiento.

Así, durante los últimos meses resultaron notables los entendimientos alcanzados con la UE para arribar a un acuerdo que ya lleva más de dos décadas de negociaciones.

Dejando a un lado los aspectos coyunturales, ambos países entienden que ese acuerdo es un hito estratégico y la trascendencia se refiere tanto al peso de los dos bloques en el PIB global como a la gama de temas que involucra.

La región no sólo tiene que considerarlo como un acuerdo de comercio: en el corto plazo, la mayor trascendencia va a estar dada por el avance institucional.

Ante el mundo, un acuerdo con Europa es un sello de calidad que garantiza que Brasil y Argentina, junto a los socios del bloque, inauguran una etapa de mayor apertura, y sobre todo, de cumplimiento en las reglas de juego.

Además de las tratativas con el viejo continente, los dos socios comenzaron a discutir nuevas oportunidades de integración, como una potencial participación en el Bloque del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (que reúne a doce países del Pacífico americano, Asia y Oceanía) y negociaciones (que van ya por su tercera ronda) con el bloque EFTA, posiblemente la propuesta más innovadora, que incluye a Noruega, Suiza, Liechtenstein e Islandia.

En cifras, nuestro país cuenta en la actualidad con acuerdos de libre comercio con menos del 10% del producto bruto mundial. Con las negociaciones actualmente en vigor, dicha cifra alcanzaría el 32,5% del producto para llegar, en 2020, al 41,5% del producto.

En este marco, la política internacional en el gobierno de Macri despunta en las ligas mayores: ingresar a la OCDE, recibir a la OMC y ser anfitrión, a fin de año, de los jefes de Estado del G20. Itamaraty no se distrae con los ruidos de la política doméstica y avanza en igual sentido.

Es en las inversiones donde ambos países concentran su atención y ese es uno de los capítulos fundamentales en las actuales discusiones de los diferentes acuerdos de integración.

Brasil aceleró las reformas y, una vez estabilizado institucionalmente, recuperará su atractivo.

Argentina tiene una gran oportunidad, ya que luego de los últimos tiempos de descalabro económico avanza en un equilibrio macro y en un paquete de reformas que tiende a mejorar la competitividad.

Esta convergencia es una señal clave para capturar inversiones, algo que ambos países necesitan como el agua.

Dante Sica es economista, director de la consultora ABECEB, ex secretario de Industria, Comercio y Minería de la Nación (2002-03).

 

 

 

Ver más: