Ahora es clave que Hacienda cumpla con las metas fiscales

Martes, 2 Enero, 2018
Autor: 
Carlos Burgueño
Fuente: 
Ambito Financiero

Hace más de 710 años se firmó la sentencia de muerte de la legendaria Orden del Temple. El pasado Día de los Inocentes parece que se rubricó el requiem del incipiente régimen de metas de inflación lanzado en 2016. Y más allá del timing, de quiénes ganaron y quiénes perdieron, cómo fue la puesta en escena, cómo se sentó cada intérprete, la secuencia de expositores y demás bemoles de quienes buscan íconos, imágenes, señales y todo tipo de mensaje subliminal o implícito para interpretar lo que se viene, lo cierto es que el consenso dudaba del cumplimiento de las metas de inflación. Así, el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, cual caballero templario de las metas y las altas tasas como único instrumento para desinflar, se topó como lo hizo el último gran maestre de la Orden, Jacques de Molay, en 1307 con la oposición del rey de Francia, Felipe IV, quien tuvo en el papa Clemente V a su principal aliado en la cruzada contra el Temple.

Ahora todo queda en manos del Palacio de Hacienda y en la ejecución de la Jefatura de Gabinete que deberán, dentro de los cánones del gradualismo imperante, lograr la consecución de las metas fiscales, que son las que realmente le importan a los mercados y a quienes "amablemente" se disponen a seguir financiando el déficit fiscal.

Si bien en el caso argentino hubo varios Felipe IV (jefe de Gabiente y varios ministros), fue el papa Mauricio quién debió laudar contra el gran maestre Sturzenegger. Desde hacía varios meses el jefe del BCRA recibía fuego cruzado por el nivel de las altas tasas de interés. Eso fue posible porque el sendero de la desinflación se postergaba mes a mes. Claro que algunas veces inesperadas decisiones de uno que otro ministro, como algún tarifazo fuera de agenda, conspiraron con el logro de los objetivos inflacionarios.

La decisión política fue tomada y con ella se anticipa una escalada en las expectativas inflacionarias, porque el mensaje más claro fue, como se vio varias veces en la historia argentina, que un poco de inflación no hace mal a nadie. Así el fanatismo de la cruzada anti-inflacionaria parece herido de muerte y así el embrionario régimen de metas de inflación. El gradualismo, piedra angular de la política económica del Gobierno, se permite esta licencia de postergar los objetivos inflacionarios, a pesar que el propio presidente Macri siempre ponderó los beneficios de bajar la inflación para la sociedad y sobre todo para los segmentos de menores ingresos. Veremos cómo los compensan. Por lo pronto, se priorizará el nivel de actividad a costa de un poquito de más inflación. Y que sea el crecimiento del PBI el que haga el trabajo sucio de bajar el peso del estado en términos del Producto, y demás indicadores clave de la macro.

Quizás el error fue el apresuramiento en implementar un régimen de metas de inflación cuando se observa que los países de América Latina que pusieron en marcha sistemas similares hicieron antes o emprendieron en paralelo los deberes en materia fiscal. Por ejemplo, Chile antes de imponerle a la economía un régimen de metas de inflación puso en orden sus cuentas fiscales, Colombia y Perú también lo hicieron en menor medida. Lo que queda claro de la experiencia de la región es que la política monetaria de un país con demanda de dinero bimonetaria, absolutamente dependiente de la política fiscal, no puede pensar que el tipo de cambio no es su problema. En Argentina, a sabiendas del nivel de la vulnerabilidad social, la principal variable de ajuste son los subsidios económicos (vía suba de tarifas). El margen de maniobra se reduce no solo por el gradualismo sino porque otros factores entran a jugar como el creciente pago de intereses por el mayor endeudamiento. Así el rojo fiscal seguirá siendo financiado con deuda, y sobre todo a partir del próximo año cuando la asistencia del BCRA al Tesoro se reduzca a solo $70.000 millones. Este año serán $140.000 millones más la emisión vinculada con las compras de los dólares que el Tesoro captará en el exterior. Esta emisión continuará presionando sobre niveles de equilibrio del mercado monetario. Será clave la muñeca del BCRA.

Los mercados seguirán acompañando, pero mejor es que vayan cumpliendo con las metas fiscales porque el enamoramiento tiene límites. Dinero hay, pero no hay para gastar de más todo el tiempo.