Un dólar a la baja puede debilitar al gobierno de EE.UU.

Lunes, 29 Enero, 2018
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Cronista Comercial
En circunstancias normales sin los efectos trumpianos, los inversores siempre han supuesto que cuando un país tiene una economía en alza y tasas de interés en aumento, su moneda también debería fortalecerse.

Y, en este momento, Estados Unidos parece tener ambas condiciones. Al comienzo de la reunión de Davos de la semana pasada, el FMI elevó de 2,3% al 2,7% su pronóstico para el crecimiento norteamericano de 2018. Mientras tanto, el rendimiento de bonos a 10 años recientemente subió de 2,6%, y la Reserva Federal (Fed) aumentó las tasas en cinco ocasiones durante el mandato de Yellen.

Pero ahora contrariamente a la lógica normal el dólar está cayendo. Un índice que sigue el comportamiento del dólar estadounidense en relación a otras seis divisas bajó 10% en el transcurso de 2017, el primer año de Trump como presidente. Y, la semana pasada, el dólar retrocedió aún más y en el mes se debilitó 2,6%, después de que Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro estadounidense, dijera que un dólar más débil es bueno para nosotros en lo que respecta al comercio y a las oportunidades.

Mnuchin luego suavizó esa afirmación declarando que sus comentarios simplemente hacían referencia al beneficio fáctico a corto plazo de una divisa débil. Pero el tono sorprendió a los operadores, ya que los anteriores secretarios del Tesoro de EE.UU. en general habían insistido en que deseaban una moneda fuerte.

E independientemente de cualquier sutileza verbal, la razón por la que la declaración de Mnuchin provocó tal escalofrío fue que se sumó a un trasfondo de ansiedad más general que viene silenciosamente creciendo hace varias semanas. La inquietud se debe, en parte, a que nadie sabe por qué la divisa se debilita. Algunos observadores tratan de explicarlo con el reciente aumento del déficit comercial. Pero ese argumento parece claramente flojo, dado que el déficit es una preocupación desde hace tiempo.

La política monetaria es otro posible factor: algunos inversores sospechan que la Fed probablemente se vuelva más moderada este año. Pero esa explicación también parece algo débil. Después de todo, en términos relativos, la Fed es en realidad más de línea dura que la mayoría de los demás bancos centrales.

Es más probable que el culpable sea el mismo Trump; o, más específicamente, la profunda incertidumbre desatada por la postura global de Washington. El foro en Davos este año estuvo envuelto en una sensación de optimismo económico a corto plazo. Pero bajo la exuberancia de la superficie también existe un trasfondo de temor acerca de los riesgos económicos a medio plazo del creciente proteccionismo, en parte provocado por la postura política de Estados Unidos primero de Trump.

Mnuchin insiste en que esas preocupaciones son exageradas. No usamos la palabra proteccionismo, le dijo a Financial Times. Pero Wilbur Ross, el secretario de Comercio estadounidense, empleó un lenguaje sorprendentemente belicoso para explicar cómo EE.UU. planea defender sus intereses económicos en el escenario mundial. Ese tono ha alimentado la especulación de que, en el mejor de los casos, Washington ahora planea silenciosamente usar una moneda más débil para respaldar su carrera hacia el crecimiento.

Sin embargo, también ha creado temores de que, en el peor de los casos, la postura estadounidense pueda provocar una serie de guerras comerciales en los próximos meses. E incluso si estas inquietudes son exageradas, está claro que la administración Trump es profundamente ambivalente sobre el papel de EE.UU. como policía global. Esto deja a los operadores preguntándose si el país sigue comprometido a actuar como el eje del orden financiero global. Sólo se te puede confiar la administración de la moneda de reserva mundial si te importa el mundo, les dijo Deutsche Bank a sus clientes en una nota la semana pasada. EE.UU. ha declarado unilateralmente que no le importa y eso conlleva un precio.

Quizás Trump cambie esa percepción: él no es un líder al que le guste usar la palabra débil. Para él, es un motivo de orgullo que Norteamérica pueda atraer capitales internacionales. Si alguno de sus asesores económicos en alguna ocasión le explicara al presidente que sus políticas podrían, con el tiempo, socavar el papel de EE.UU. como divisa de reserva mundial, él sin duda daría marcha atrás o tuitearía horrorizado.

Pero mientras el lenguaje de Estados Unidos primero siga saliendo a borbotones de Washington, los inversores deberían prestarle atención a ese molesto dólar.

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