La niñez a la balanza: cuatro escenarios que explican por qué la Argentina es el país con mayor obesidad infantil en América Latina

Lunes, 7 Mayo, 2018
Fuente: 
Infobae
Ya sea por dificultades en el acceso a alimentos de calidad nutricional o bien por falta de información o deficiencias en la planificación familiar, la malnutrición afecta a los niños y niñas de cero a cinco años, independientemente de su condición social o niveles de ingresos. El análisis de especialistas y las redes sociales como multiplicadoras de la campaña #noalaobesidadinfantil

Por definición, la malnutrición se refiere a cualquier trastorno de la nutrición, ya sea como consecuencia de una alimentación insuficiente, excesiva o mal equilibrada.

Asimismo, se entiende por obesidad infantil a la presencia de sobrepeso en niños de entre cero y cinco años. Esta problemática es una consecuencia de la malnutrición, es decir, del desarrollo de una dieta no equilibrada que puede generar, en el caso contrario, desnutrición (crónica o aguda).

Hasta aquí, no más que "acomodar" cada pieza en su casillero. Saber quién es quién en la historia.

En el país, la última fuente oficial sobre este tema es la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS) de 2012. Según datos de la encuesta analizados por el Centro de Implementación de Políticas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), la malnutrición afecta diferencialmente a los niños y niñas de cero a cinco años dependiendo de su nivel de ingreso: en hogares indigentes el 3,1% de los niños padece bajo peso y el 9,1% sobrepeso; mientras, en los hogares no pobres, un 1,5% tiene bajo peso y un 11,8% posee obesidad.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación para 2012 (último dato disponible), el 30% de los niños y niñas de edad escolar (de 13 a 15 años) tiene sobrepeso y el 6%, obesidad. En el mismo informe se afirma que el 50% consume dos o más bebidas azucaradas por día y que sólo un 17,6% consume cinco porciones diarias de frutas y verduras.

Ante este panorama, y consultada por Infobae, la médica sanitarista Victoria Cavoti (MN 111677) analizó cuatro escenarios que coexisten en esta problemática.

"Lo que observamos son niños de clase media con una amplia oferta de comida industrializada y baja planificación acerca de qué comen, cómo y cuánto comen por parte de los padres, por falta de información, tiempo y otros factores -comenzó a describir Cavoti-. En el otro extremo, vemos niños que viven en familias de bajos recursos, con escaso acceso a macronutrientes esenciales como leche, carne rojas, aceites de calidad, huevos, verduras, frutas y fundamentalmente a agua potable, que llenan sus estómagos con calorías vacías".

Para ella, este segundo grupo no se alimenta, "engañan el hambre y generan saciedad".

En el medio, la experta observó "menúes paupérrimos y poco amables con la infancia" en los comedores de las escuelas. "Muchos niños van al colegio a comer, además de aprender y no puede desconocerse que aquellos que no cuentan con alimento de calidad en sus casas, no lograrán el mismo rendimiento escolar que los que sí tienen una dieta nutrida, aumentando así, más aun, la brecha", analizó Cavoti.

Y para el final, el cuarto grupo, está compuesto -según la ex coordinadora del Programa de Atención Primaria del Ministerio de Salud- por "niños con una malnutrición, casi desnutrición, producto de dietas veganas y restrictivas que son impartidas por sus padres, muchas veces sin un acompañamiento profesional, que puede llevar a la desnutrición calórico-proteica, anemia y al déficit de vitamina B12 con daño del sistema nervioso".

Según datos de UNICEF Argentina, a medida que aumenta la edad, la obesidad muestra mayor prevalencia entre los niños de 11 a 17 años de hogares más pobres: tienen 31% más de probabilidad de ser obesos que los de hogares más aventajados en la escala social. "Entre los factores que explican esto se incluyen tanto el mayor consumo de macronutrientes y calorías vacías, como el menor acceso a oferta pública y accesible a espacios de recreación, lo que fomenta el sedentarismo entre los adolescentes", justificó José Florito, coordinador del Programa de Protección Social de Cippec.

A nivel regional, según el documento de la FAO, el sobrepeso en menores de cinco años afecta al 7% de los niños de América Latina y el Caribe, ubicándose por encima del 6% de los niños con sobrepeso en el mundo.

"La obesidad infantil tiene como consecuencias enfermedades crónicas graves y discapacidad", destacó Cavoti, al tiempo que consideró que "el tema debe ser abordado en forma conjunta y articulada por dos ministerios: el de Salud y Educación, para luego enviar directivas y planificación estratégica a diferentes efectores locales a los largo y a la ancho del país".

Y ahondó: "Además de garantizar el acceso al alimento de calidad y al agua de nuestros niños, educar a docentes, padres, trabajadores de la salud, personas que manipulan alimentos y a los propios menores es fundamental para lograr hábitos saludables".

"Cuando se brinda información de calidad a la comunidad, respetando la idiosincrasia de cada sector (escuela pública, privada, pueblos originarios, comedores y merenderos de las villas y barrios carenciados, clase media, etc) se logran resultados satisfactorios", subrayó.

Consultada sobre cuál cree que es la manera de revertir la situación local, Cavoti consideró que "para empezar, se debería entender a la obesidad infantil como la punta del iceberg de un problema social, que incluye fácil acceso a la comida chatarra, poca información nutricional, bajo disponibilidad de alimentos de calidad y agua potable, sumada a otras cuestiones comos las escasas horas cátedra de nutrición y alimentación que posee un médico en las universidades y la abundante publicidad de productos de pésima calidad nutricional".

"Además, es necesario el trabajo y abordaje del tema entre sociedad civil, Ministerio de Salud, Ministerio de Desarrollo Social y Educación y organismos que protegen la infancia -observó-. Y poner en agenda el derecho básico de un niño al alimento de calidad y al agua por parte del Estado".

Y finalizó: "Se debe investigar en forma exhaustiva y objetiva qué comen nuestros niños en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y el resto del país e implementar políticas públicas de educación en alimentación saludable para escuelas, docentes y familias".

#Noalaobesidadinfantil, una iniciativa que invita al compromiso

Vegetariana desde muy chica, abogada exitosa y soñadora innata, Jessica Lekerman decidió en 1999 emprender junto a su hermana un viaje a Nueva York con el objetivo de estudiar en una escuela de cocina saludable la carrera de Healthy Food.  

De a poco, sin querer queriendo, se fue alejando de la abogacía y se convirtió en cocinera. Sí, se convirtió. Ella fue quien "refundó" su propia vida. Después vino todo lo demás: el restaurante propio -Möoi, el primero en el barrio de Belgrano, donde nació-, las clases de cocina, el canal Gourmet, etc, etc, etc. Es que Jessica es "un alma inquieta", como ella misma se define.

Y en ese no quedarse quieta, fue que luego de leer una nota periodística sobre los índices de obesidad en la Argentina donde decía que el país ocupaba el puesto número uno en la región decidió ponerse en acción.

"Mi primera reacción fue de shock. Hace muchos años que me dedico a la alimentación saludable y cuando leí eso fue casi un baldazo de agua fría. Yo sentía que se estaba yendo en un camino de mejorar la alimentación, de hecho cuando yo empecé en este mundo no se conseguían determinados productos, no había tantas dietéticas, pero cuando leí eso me di cuenta de que mi percepción no era correcta". Así contó Lekerman a Infobae cuál fue el disparador de #noalaobesidadinfantil, la campaña que lanzó en sus redes sociales y que se convirtió en una cruzada que hoy inspira a otros.

"Creo que lo que hace Jessica tiene un valor fundamental en la visualización del problema y el brindar herramientas a la comunidad", destacó Cavoti, quien resaltó que "cuando fueron dados a conocer los números sobre obesidad infantil muchos cocineros se alarmaron y emitieron su opinión pero fue ella quien se arremangó la camisa y se puso en acción".

"Me preocupé por hablar con gente del Ministerio de Salud, me senté con la gente de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina para corroborar los datos que había leído", comenzó a relatar Lekerman.

Y tras resaltar que esa, la de involucrarse, era una faceta suya que no había mostrado nunca, pero que venía desarrollando hace tiempo (yendo a comedores y colegios a dar clases), Lekerman contó que siempre lo había hecho desde su rol de madre y cocinera.

"En ese camino empecé a notar que no tenía tanto que ver con falta de recursos económicos, sino con una conjunción de vulnerabilidad económica y de conocimientos -analizó-. Los responsables siempre somos los adultos, que somos los que le damos el alimento a los niños".

"De repente me encontraba con una mamá de bajos recursos con un bebé con una mamadera, que en su interior tenía bebida cola y me puse a pensar que en realidad no es muy diferente de lo que hace un madre de más recursos que pone la botella de cola en la mesa familiar", reflexionó Lekerman, y destacó: "Partiendo de la base de que ninguna de ellas lo hace de mala fe, entendí que tanto la mamá que pone galletitas de más valor en la mochila para el recreo como la que le manda a su hijo una más económica le dan algo que no le hace bien".

La cocinera vio que, por un lado, existía un sector vulnerable, y por otro uno que teniendo acceso a los recursos y a la información, no sabe o no puede llevarla a la práctica.

El 10 de febrero, ya con más datos en mano y habiéndose hecho de información, decidió hacer un posteo en su cuenta de Instagram. "No sé si lo pensé en ese momento en términos de campaña, y si bien soy naturalmente una persona positiva, en este caso sentí que primero había que dar los datos duros, informar que algo estaba pasando y todos éramos responsables".

"Son nuestros hijos, serán adultos con una mayor predisposición a enfermedades, si ya no las tienen desde pequeños", profundizó Lekerman, para quien "el tema está en la mesa, en qué hacemos, cómo mejoramos". "Yo también trabajo y paso muchas horas fuera de mi casa, y me sirve, por ejemplo, planificar los menús semanales", incentivó la cocinera, que hoy, sí, convirtió su iniciativa en una manera de "darle herramientas a la gente, no una bajada de línea tajante porque de ese modo no se genera empatía".

Bajo el lema #noalaobesidadinfantil, Lekerman comparte a diario recetas saludables, planificación de viandas para los niños e invita a sus seguidores a contar sus historias y recetas. Además, en las últimas semanas, invitó a mujeres famosas en las redes sociales a que le cuenten qué hacen en su vida real respecto a la comida.

"Armo menúes semanales inspiracionales, para que cada uno adapte a sus gustos, su familia; el objetivo es empoderar a los padres", contó. Y animó a otras madres a hacer lo mismo: "Quizá al principio cuesta organizarse y cocinar para una semana por adelantado, se puede empezar planificando de a dos días, después siete, y un día estás cocinando para todo el mes".

La lucha de Lekerman es acompañada por un grupo de cocineros con pequeñas cuentas en redes sociales, que también brindan talleres a las familias, como Marina Quiroga de @yococino.oficial, Sergio Teruel de @cocinandoconteru, Carina Kunis de @tastyblend_by_carinakunis, Julieta Guise de @nutricionaupa, entre otras madres, abuelas, nutricionistas y demás profesionales de la salud.

"Mi única finalidad es la de concientizar, despertar en las personas el interés por la alimentación saludable", reflexionó la cocinera, quien a modo de cierre pensó una analogía que ayuda a razonar el curso que debiera tomar este asunto: "Había una época en la que no había restricciones al cigarrillo, la gente fumaba en lugares cerrados, oficinas, locales de comida y luego de que empezaran a difundirse los efectos del tabaquismo en la salud, de a poco empezamos a animarnos a pedirle al de al lado que apague el cigarrillo. El movimiento empezó a hacer de las personas, antes de que exista una ley. Lo que creo es que poco a poco debemos abrir las puertas para que estos temas sean escuchados, que cada vez se difunda más ayudará a que el día de mañana haya medidas más estrictas en alimentación, que incluyan por ejemplo reglamentaciones en la publicidad o impuestos a las bebidas azucaradas".

Lekerman es la cara visible, la que marca la agenda podría decirse, pero el paso que necesariamente debería seguir deberá ser articulado entre la sociedad civil, los organismos de protección al menor, gobiernos y poder legislativo.