Otra Argentina

Miércoles, 8 Octubre, 2014
Autor: 
Orlando J. Ferreres
"Si tienes un sueño y crees en él, corres el riesgo de que se convierta en realidad", dijo Walt Disney.

También se podría decir esto de esta manera: "Si no tienes un sueño, nunca no lo verás realizado". Por eso es bueno imaginar cómo podrían ser las cosas que uno desea intensamente. Así cómo Luther King dijo una vez, refiriéndose a la integración racial en Estados Unidos "Yo tengo un sueño..." .Y aunque en su vida no lo pudo ver realizado, ese sueño se cumplió después y actualmente es una realidad palpable.

Yo también tengo un sueño sobre el futuro de la Argentina: un país que se ubique entre los 10 primeros del mundo por tamaño económico y esto es posible, pues nuestro territorio es el octavo entre todas las naciones y tiene muchos recursos agrícolas, energéticos y mineros. Un país pujante, con la totalidad de la población altamente educada, con un nivel de conocimientos por encima de la media mundial y entre los primeros puestos de las pruebas internacionales PISA. Un país con una producción basada en tecnología avanzada, de alta productividad.

Un país sin pobres, con toda la población activa trabajando de manera formal. Un país con una cultura del siglo XXI, pero respetando las tradiciones milenarias, con armonía entre sus habitantes. Que seamos una nación con un sistema de seguridad y defensa acorde con los más pequeños y mejores del mundo, seguramente mucho más tecnológico que los del siglo XX. Un país sin drogas.

Un país con una democracia madura, con clara división de poderes, sin reelección sucesiva en ninguna provincia ni en la Nación, con mandatos de 5 años, sin listas sábana en las elecciones de diputados, con voto por circunscripción. Un país cuyos ciudadanos no tengan que mandar sus ahorros al exterior por temor a devaluaciones o pesificaciones, sin inflación. Un país que marque rumbos en el mundo, respetado por todos y del que todos los argentinos nos sintamos orgullosos.

Una justicia ágil, que resuelva los conflictos en forma inmediata. Un país que respete sus instituciones, empezando por la Constitución y cumpla sus normas, en todas las circunstancias. Un país que sea admirado por su respeto a los derechos humanos de todos sus habitantes, sin distinción de ideologías.

Esta Patria es posible, hay que ir soñándola entre todos y después, también entre todos, ponerla en marcha para hacerla realidad. Quizá no será exactamente como la imaginamos, pero será parecida a ese sueño. Si no la soñamos y no la deseamos fervientemente nunca se realizará. Ahora hay que poner los medios. Con la ayuda de Dios, la veremos concretada nosotros o nuestros hijos o los hijos de nuestros hijos.