Cómo nació el PRO y por qué se sumaron los "número uno"

Viernes, 27 Octubre, 2017
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Cronista Comercial
El autor rastrea los orígenes del partido liderado por Mauricio Macri y cuenta qué hubo detrás de la decisión de hombres y mujeres ligados al empresariado de saltar a la política. La "identidad nuevista" de la fuerza y la potencia de Cambiemos.

La llegada de Cambiemos al gobierno en 2015 coronó un proceso de movilización política que incluyó al mundo de los managers y su entorno social. Se trata del core de PRO y sus mundos sociales de pertenencia: el universo de las empresas y de las ONG y las fundaciones que ligan al partido con las élites sociales y sus ámbitos de sociabilidad. Las teorías de la correspondencia de intereses suponen que actores que ocupan posiciones similares en la escala social suelen compartir también posiciones políticas. Aunque esta tendencia puede constatarse en diferentes casos, el proceso de representación no es mecánico.

Tampoco la aceptación de la vía partidaria como medio de expresión de intereses, en un país en el que, hasta los años 2000, las fuerzas políticas más abiertamente promercado eran débiles en términos electorales y, en cambio, los partidos mayoritarios permitían influir en la orientación de las políticas económicas sin pagar los costos organizativos de construir un instrumento competitivo para ganar elecciones. El giro programático adoptado por el peronismo menemista en los años noventa parecía abrir una oportunidad inédita al mundo de los negocios de avanzar por fin hacia una sociedad de mercado con consensos sociales validados en las urnas. La llegada al gobierno de la Alianza entre la UCR y el Frepaso, en tanto, prometía mantener la orientación económica con el agregado de una dosis de moral pública de la que carecía el gobierno de Carlos Menem, según sus críticos.

La crisis de la convertibilidad, y la posterior caída de la Alianza en 2001, fue tomada por esos sectores, y en general por las fuerzas sociales cercanas a la centroderecha, como una prueba de la necesidad de crear una nueva fuerza que llevara a cabo lo que las derivas "populistas" -en especial en términos fiscales y de manejo de los recursos públicos- no habían podido y/o querido realizar. El breve experimento de Recrear, formado por López Murphy en el contexto de los agitados tiempos de 2002, parecía expresar esa esperanza. Un espíritu similar estaba presente en la decisión de Macri y sus colaboradores de construir, a partir del nivel local, una nueva fuerza política que recogiera retazos de los partidos tradicionales pero estuviera comandada por nuevos políticos provenientes del mundo de la empresa y de las ONG. A diferencia de otros países de la región, en la Argentina, tras la experiencia de la última dictadura, para la centroderecha estaba cerrada la vía no electoral de acceso al poder (...), de modo que, en un contexto de crisis de los partidos tradicionales, la vía partidaria se convertía en un horizonte posible, a la luz de la orientación de centroizquierda adoptada por el kirchnerismo.

Esta narración retrospectivamente válida no se produjo, sin embargo, de manera lineal. Por entonces, sólo dieron el salto a la política algunos managers y abogados de negocios con alta familiaridad con el mundo político -en este caso, provenientes de familias tradicionales que habían tenido dirigentes en su seno-, o bien con una relación personal con alguno de los líderes de PRO, en especial con Mauricio Macri. Fue en estos actores que los acontecimientos de 2001 -la crisis social y política- y luego los de 2008 -el conflicto entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y las entidades del agro- mostraron efectos más eficaces, al menos en términos inmediatos. Como vimos, produjeron en ellos un impulso a la politización: en un caso, para "hacer algo" por el país cuando su clase política había flaqueado; en el otro, para transformar una indignación de los sectores más dinámicos de la economía argentina (...) en una movilización partidaria concreta.

 

En cambio, para producir la movilización de numerosos miembros de la alta gerencia de grandes corporaciones, así como de su medio social, fueron necesarias otras vías de politización () La diferencia entre el proceso de involucramiento pionero de los managers y abogados de negocios miembros de familias tradicionales y el de los managers provenientes de familias no politizadas permite aprehender los factores que identificamos como relevantes en este proceso de politización. Por un lado, la importancia del desarrollo por parte de algunos cuadros de PRO de un conjunto de instancias de mediación formales e informales adaptadas a la sociabilidad de los managers no politizados, en las que se hablaba el lenguaje del mundo de los negocios y se ofrecían vías de politización hospitalarias a esos grupos.

Por otro lado, el motor moral, que identificamos en este libro con el temor a la chavización de Argentina, que fue traducido por esas instancias del medio partidario de PRO en la necesidad y urgencia del involucramiento político como contribución de los "número 1" al salvataje de un país (...)

En este libro optamos por no inclinarnos por ninguno de los argumentos clásicos con que podría explicarse el pánico moral vivido por el mundo de los negocios frente a las políticas de gobierno llevadas a cabo por el kirchnerismo, en especial a partir del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. (...)

En este sentido, sostuvimos, primero, que estos modos -sesgados y cerrados- de dar inteligibilidad a la realidad social fueron favorecidos por las lógicas de circulación de las fuentes de información en tiempos de creciente polarización política. Segundo, que los emprendedores morales y profesionales del comentario político que nutren de manera habitual las fuentes de información del mundo de los negocios construyeron un problema en torno a esa deriva chavizante de Argentina (...) Tercero, que la lógica de victimización que existe respecto de otros fenómenos sociales, como el delito, funcionó aquí como refuerzo de ese sentimiento de temor frente al gobierno (...)

En el marco de la polarización social y política del país, esa tropa propia constituyó una base sólida desde la que dar batalla interna a sus socios radicales y externa a sus competidores peronistas. La forma en que PRO llevó a cabo esta tarea, a través de organizaciones parapartidarias que forman parte de lo que F. Sawicki llamó el "medio social" de una fuerza política, da cuenta de la importancia de interesarse, a la hora de estudiar un partido político en contextos como el argentino, por esos espacios e instituciones formales e informales que no integran los estatutos de la institución, pero que son fundamentales para entender el modo en que un partido vive de manera cotidiana, recluta militantes y cuadros políticos y formatea sus visiones del mundo.

Estas organizaciones, como es el caso de la Fundación G25, permitieron a PRO conectarse con diferentes públicos. Creada por un pionero de la politización de managers y abogados de negocios de clases altas como Esteban Bullrich, G25 no sólo logró movilizar a estos "número 1", organizarlos en torno a objetivos electorales y de gobierno, y luego convertirlos en actores del mundo público, al ubicarlos en posiciones en el Estado. También colaboró en la tarea de construir una épica política que impulsó la movilización electoral en 2015. (...)

La pregunta por la posibilidad de que un "gobierno de ricos" tenga una mirada global de la sociedad -que incluya a sus clases populares- tiene gran interés histórico, en virtud de la novedad que representa la construcción de un partido de centroderecha competitivo, que llega al poder por la vía del voto, y que produce una coalición entre sectores medios urbanos, clases altas y los sectores productivos más conectados con el mercado mundial que nunca tuvo lugar en el país de manera durable en tiempos de democracia (...)

La posibilidad de que sectores arraigados en la dinámica económica del capitalismo globalizado puedan llevar a cabo de manera relativamente exitosa un proyecto de país para una sociedad que, hasta el momento, se construyó con un fuerte anclaje en la acción incluyente del Estado-nación implicaría una revolución de las condiciones de producción de proyectos políticos en Argentina. Los elementos con que se cuenta hasta el momento siembran dudas al respecto. (...) Cambiemos dijo en muchas ocasiones haber llegado para terminar con la polarización política -en su narrativa, "unir a los argentinos"-. La gran distancia social entre el core de Cambiemos y los apoyos del proyecto populista se convierte en desprecio a un Ancien Régime que hay que desterrar y augura, respecto a ese imaginario pacificador, más bien un avance en el sentido contrario.

Investigador

Gabriel Vommaro es Doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales, investigador del Conicet e investigador-docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento, donde coordina la carrera de Estudios Políticos. Entre otros títulos, ha publicado: Lo que quiere la gente: los sondeos de opinión y el espacio de la comunicación política en la Argentina (1983-1999); Mejor que decir es mostrar: medios y política en la democracia argentina y El clientelismo político. Desde 1950 hasta nuestros días.